Ecuatoriano Claudio Villanueva, ejemplo de pundonor deportivo en los 50 kilómetros marcha

Diecisiete años después de la tercera victoria consecutiva de Robert Korzeniowski, el Emperador de la marcha, David Tomala ha devuelto a Polonia el título olímpico de 50 km, que se disputaba en Sapporo por última vez en unos Juegos y tuvo un desenlace de supremos esfuerzo para el ecuatoriano Claudio Villanueva que culminó la carrera en último pero visiblemente afectado.

Andrés Chocho es el mejor ecuatoriano en la prueba de los 50 km marcha en los Juegos Olímpicos terminando en el puesto 19 con un crono de 3:59:03 seguido de Jhonatan Amore en el puesto 27 tras completar un tiempo de 4:05:47.

Tomala, que hizo en solitario los últimos 23 kilómetros, cruzó la meta envuelto en la bandera polaca con un tiempo de 3h50:08, por delante del alemán Jonathan Hilbert (3h50:44) y del canadiense Evan Dunfee (3h50.59), que en los últimos metros arrebató el tercer puesto al español Marc Tur (3h51.08), el hombre que había tirado del grupo perseguidor durante los ocho últimos kilómetros.

Lo colombianos José Montana (undécimo con 3h53:50) y Jorge Ruiz (decimotercero con 3h55:30), fueron los mejores latinoamericanos, seguidos del mexicano José Leyver (decimoquinto con 3h56:53).

Veinticinco grados y 85 por ciento de humedad en la salida, a las 5.30 de la mañana en el Odori Park de Sapporo. Esas eran las difíciles condiciones que tuvieron que afrontar los 59 marchadores.

Entre ellos estaba el esloveno Matej Toth, que defendía título con 38 años, todavía joven comparado con el francés Yohann Diniz, de 43, el portugués Joao Vieira, de 45, y sobre todo el español Jesús Ángel García Bragado, “el hombre de mármol”, que con 51 años establecía un récord mundial de participaciones olímpicas en el atletismo, con ocho.

Cuando García Bragado debutó en Barcelona 1992, 25 de los 59 contendientes hoy aún no habían nacido.

No estaba el campeón del mundo, el japonés Yusuke Suzuki, que en junio alegó baja forma para renunciar a los Juegos.

Las condiciones meteorológicas -28 grados a mitad de carrera, y subiendo, con 72 por ciento de humedad- aconsejaban prudencia. Diniz, que ya iba por detrás, se sentó en la acera, con las piernas acalambradas, y optó por retirarse en el km 27.

En ese mismo km, el polaco Dawid Tomala, que en 2017 se pasó a los 50 km sin haber conseguido nada en los 20, decidió intentar la aventura en solitario, mientras el guatemalteco Erick Barrondo, plata en 20km en Londres 2012, era penalizado con 5 minutos en boxes cuando marchaba junto a su hermano Bernardo.

Cuando la ventaja del polaco sobrepasó el minuto, tomaron cartas en el asunto Marc Tur y Evan Dunfee, gran competidor en condiciones difíciles, que en el Mundial de Doha llegó muy fuerte a la última fase de la prueba y se llevó, como ahora, el bronce.

García Bragado, una enciclopedia viviente, siempre dijo que la prueba de 50 km “empieza” en el 40. En ese punto, Tomala llevaba 3h03:45 de esfuerzo y un margen de 2:50 sobre el grupo perseguidor, que se había reducido a seis: Tur, Dunfee, el alemán Jonathan Hilbert, el finlandés Veli-Matti Partanen, el japonés Masatora Kawano y el portugués Vieira.

El español buscó con ahínco la medalla tirando desde el km 42, cuando el fugado polaco, con 3:10 de ventaja para gestionar los cinco últimos, tenía el oro en el bolsillo.

Tur fue eliminando rivales y en el 42 se había quedado solo con Hilbert, de su misma edad (26 años), que había terminado vigésimo tercero en el Mundial de Doha. El germano dejó atrás al balear en el último kilómetro para colgarse la medalla de plata.

La ventaja de Tomala descendió dramáticamente en los cinco últimos kilómetros, pero la renta acumulada le bastó para llegar a meta envuelto en la bandera polaca, con un margen de 36 segundos mientras por detrás se desataba el drama para el español, que fue rebasado a 20 metros de la meta por Dunfee, echando por tierra sus esperanzas de medalla.