En Ecuador se lee tres libros por año, cifra baja para la región

Los expertos aseguran que dedicar tiempo a la lectura puede considerarse como uno de los actos más placenteros de la vida. La actividad no solo fomenta el desarrollo personal y cognitivo, sino que también favorece la conversación y las relaciones, libera emociones y constituye un gran ejercicio para mantener el cerebro sano y activo.

Sin embargo, a pesar de todos los beneficios que esta actividad aporta al ser humano, Ecuador es uno de los países de la región en la que menos libros se leen.
Según datos de un estudio sobre consumos culturales de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura (OEI), llevado a cabo en 16 países, en Ecuador se lee tres libros por año, en Argentina el número sube a casi cinco, y en México a seis.

En Ecuador, el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), hace varios años tomó en cuenta este tema en su Sistema Integrado de Encuestas a Hogares, donde se dio a conocer que 3 de cada 10 ecuatorianos no tiene el “hábito de leer”.

Un hábito se construye
Karol Alarcón Mieles, psicóloga, gestora cultural y creadora del proyecto “Leyendo para todos”, cree que el hábito de la lectura se debe ir construyendo, empezando por pequeños espacios como los barrios y comunidades.

Karol es consciente de los beneficios que la lectura ha aportado a su vida, y su motivación es transmitir estos beneficios a la mayor cantidad de personas posible. Esto, la ha llevado a recorrer varias ciudades del país brindando la magia de la lectura a chicos y grandes.

“Yo viajo frecuentemente, viajo siempre con mis libros, con una carga de material, para poder ir brindando lecturas a donde llegue. Anteriormente, lo hacía como parte de mis paseos, si llegaba a alguna plaza, parques o terminales donde fuera bien recibida la idea, y me sentaba con mis libros y lo que hago es tener la afluencia de las personas que quieran compartir una lectura”.

Las comunidades
Karol comenta que todo empezó en su mismo barrio, en Manta, donde tiene una biblioteca comunitaria que cuenta ya con alrededor de 500 libros, entre propios y adquiridos mediante donaciones y autogestión. En este lugar, comparte a diario con las personas de su localidad, sin distinción de edad o género, y va evaluando la acogida de la iniciativa y el logro de sus objetivos.

Como a todos, la pandemia de covid-19 le sorprendió, y durante ese tiempo se enfocó en trasladar su proyecto de lectura a la parte digital, difundiendo la idea a través de redes sociales.

“Es un proyecto independiente de fomento de lectura, que si bien llevaba tiempo atrás desarrollándolo de manera voluntaria, a raíz de la pandemia vi la necesidad de hacerlo de manera virtual y me ayudó a llegar a muchos más lugares y personas que yo no había pensado”, expresa.

Este fin de semana está en la ciudad de Ibarra, donde imparte dos interesantes talleres: uno de poesía pintada y otro de elaboración de susurradores, con el fin de fomentar el hábito de la lectura de forma lúdica.

Karol, no cree mucho en las estadísticas, dice que ella observa los cambios positivos que se producen dentro de su entorno, dentro de su barrio, la buena respuesta que tiene a donde llega con un libro, esto la motiva aún más a seguir fomentando este buen hábito.