Dos privados de la libertad cuentan sus historias futbolísticas tras las rejas

Ibarra. Jugar fútbol en una cancha de indor no es lo mismo, pero les consuela olvidarse un poco del encierro con más personas amantes del balompié, así aseguran los privados de libertad que han compartido los 90 minutos con grandes estrellas, mientras fueron parte de equipos profesionales, sin embargo la vida les llevó a cometer errores y terminaron tras las rejas.

La mañana de ayer se inauguró el I Campeonato de Indor Fútbol “Copa Ciudad Blanca” en el Centro de Privación de Libertad de Personas Adultas Varones de Ibarra. Con emoción los jugadores lucieron sus mejores atuendos, y entre ellos estaban los exfutbolistas Víctor Hugo Pavón e Israel Fernando Quilumba, a quienes la vida, les hizo llegar a un centro carcelario.

Historia. Israel tiene 33 años de edad y asegura que luego de tener fallas, ahora debe afrontar las consecuencias. Él empezó a jugar fútbol a los 12 años y, poco a poco, llegó a equipos como el Imba-bura y la reserva de Barcelona, además militó en escuadras de Machala, El Oro y San Gabriel.

“Las cosas pasan por algo, no debemos olvidarnos de donde salimos y de todas las cosas buenas que nos han enseñado en el hogar. Jugar fútbol es algo hermoso y sirve para que nos despejemos, porque una mente vaga es taller del diablo.

Haciendo deporte podemos tener una mente sana y cuerpo sano. Este campeonato es una oportunidad, porque a pesar de estar presos, nos hacen sentir importantes para la sociedad”, mencionó Israel quien es padre de cinco hijos, que son los que más le hicieron falta en el encierro, ya que ahora está disfrutando del beneficio de la prelibertad, sin embargo compartirá las canchas con sus amigos en el centro carcelario.

Realidad. Por su parte, Víctor Hugo, de 27 años, cuenta que hace tres meses nació su tercer hijo, y que lleva en prisión siete, sentenciado por un robo.

El ex futbolista que fue parte de las filas de Liga de Quito, América, Deportivo Quito, Los Loros y Aucas, asegura que estar preso es una experiencia muy dura que le ha ayudado a recapacitar y reconocer las cosas en las que ha estado fallando.

“Aquí se pasan muchas necesidades, pero mi esposa y mis hijos siempre han estado a mi lado. Mi encarcelamiento me pegó muy fuerte, dejar a mi familia sobretodo. Puedo asegurar que el fútbol es una de las mejores partes de mi vida, porque gracias a él me olvido de todo y me distraigo, dejando de lado los problemas. Aquí se comparte mucho con los muchachos, lo más importante es ocupar la mente haciendo deporte. Este tipo de actividades son una fortaleza, porque nos transforma la manera de pensar, yo he cambiado mucho y tengo otras expectativas para mi salida”, aseguró Víctor quien se encuentra recluido en la celda Prioritaria y está a pocas semana de salir con la prelibertad.