Dolor y soledad han marcado la vida de Marina Yépez

Ibarra. Una profunda mirada llena de dolor y sufrimiento, voz casi apagada y manos temblorosas, así encontramos a Marina Yépez, una ibarreña que permanecen el asilo León Ruales en la ciudad de Ibarra ya seis años.

Relato. A pesar de todo el sufrimiento que le ha tocado vivir desde muy temprana edad, Marina es una persona muy dulce y atenta.

Marina sentía un poco de nerviosismo al vernos llegar y acercarnos pero su confianza hizo que pueda contarnos un poco acerca de su vida

Ella solo terminó su etapa escolar, recuerda que era una buena estudiante y generosa con sus compañeras.

Al terminar la escuela su madre la obligó a trabajar, Marina quería continuar estudiando pero ya no pudo porque tenía que sustentar su hogar que los conformaban ella y su mamá.

Para poder mantenerse Marina Dolores Yépez hilaba cabuya, lavaba ropa y recogía leña.

Contó también que no pudo formar un hogar ya que su mamá nunca le dejó tener una pareja sentimental, pero solía verse a escondidas alguien que lo pretendía.

Su vida no ha sido como esperaba ya que Marina como toda mujer deseaba formar una familia llena de amor.

“Había un muchacho que me pretendía pero me tenía que ver a escondidas, me regalaba flores pero no podía llegar a mi casa con esos detalles, tenía que dejarles en algún lugar, mi madre no quería que tenga una pareja solo tenía que ver por ella, cuidarle y trabajar para mantenernos”.

Conforme hablábamos, Marina iba recordando su vida y sus lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.

Su madre murió, y ella quedó a cargo de una tía, aseguró que para Marina fue como una madre ya que la apoyó en sus momentos más difíciles.

A sus 84 años de edad su tía la ingresó al asilo León Ruales, en donde a pesar de los bueno cuidados que recibe extrañaba mucho a su familiar.

Su tía siempre la iba visitar y a ella le llenaba de alegría, Marina era muy alegre es muy apasionad a la costura pero por su avanzada edad ya no pude continuar haciendo lo actividad que tanto le gustaba.

Tiempo después lo único que tenía en su vida que fue su tía falleció y se quedó completamente sola.

Su vida tuvo un drástico cambio, la persona alegre que solía ser dentro del asilo ya no tenía ganas ni de conversar.

Ahora Marina ya no recibe visitas de ninguna persona, sin embargo cuando habla con gente que la cuida se siente muy feliz.

Al despedirnos, Marina nos regaló una gran sonrisa y se mostró muy agradecida de poder haberla visitado.

Ayuda. Las hermanitas que están a cargo del asilo comentaron que muchas personas del asilo ya no reciben vistas y algunos han fallecido por soledad.

Aún existen gente caritativa que ayuda a estas personas que necesitan de mucho amor, a pesar que los víveres que algunos donan, lo mejor que podrían recibir es una constante visita, un abrazo, una muestra de cariño, que de seguro alegrarán sus corazones y sus ganas de seguir adelante aumentarán.