Dignidad al pueblo indígena, un legado de Taita Leonidas

Ibarra. “Pues la ley entera está en una sola frase: amarás a tu prójimo como a ti mismo”.

“Tenemos que aprender a dar a cada cuál todo a lo que tiene derecho para que haya paz y tenemos que aprender a decir la verdad para que haya paz”.

“Si nos quejamos de la situación del indio en otras provincias, qué decir de su situación en la del Chimborazo. Es para llorar, miran como perros maltratados, viven, Señor, cómo viven: en chozas del tamaño de una carpa o como topos dentro de huecos cavados en la tierra, explotados, sin misericordia por los grandes millonarios de la provincia”.

“Empecé a pensar en un reparto de tierras. Ya elaboramos proyecto de creación de una cooperativa antes que se dicte la primera ley de Reforma Agraria…”

“Ahora nuestros hermanos pueden levantar la frente, ahora nuestros hermanos pueden decir su palabra, ahora nuestros hermanos son capaces de organizarse como pueblo…”

Son solo algunas de las frases de Monseñor Leonidas Proaño, el Obispo de Riobamba, conocido como Obispo de los indios y de los pobres, que luchó por el avance del pueblo indígena, por su educación y porque viva con dignidad.

Homenaje. Virginia Gómez tiene 90 años. Camina con dificultad, pero recuerda claramente que Taita Leonidas le enseñó a rezar.

Virginia participó ayer en el homenaje por los 31 años de la resurrección de Monseñor Leonidas Proaño.

La actividad se desarrolló en Pucahuaico, la comunidad ubicada en San Antonio de Ibarra en la que Taita Leonidas descansa en paz, el lugar que actualmente funciona como un Centro de Formación de Misioneras.

Rafael Salazar se inclina ante la tumba de Monseñor que está llena de flores.

Desde hace 10 años visita el lugar y siempre reza una plegaria en la capilla en la que reposa Taita Leonidas, desde el 31 de agosto de 1988.

Personaje. “Monseñor Leonidas Proaño se entregó por entero a los más pobres del país”, enfatiza el historiador Enrique Ayala Mora, quien además fue amigo de

Leonidas Proaño.

Recalca que, pese a que Monseñor entregó una buena parte de su vida a la provincia de Chimborazo, quiso descansar, después de muerto, en su tierra natal, San Antonio de Ibarra y fue sepultado en la capilla que él mismo construyó.

El Centro de Formación de Misioneras se levanta en Pucahuaico, en un terreno de Leonidas Proaño que adquirió con un dinero que recibió cuando fue candidato a Premio Nobel de la Paz, en los años 80.

Monseñor Proaño también creó la Fundación Pueblo Indio.

Ayala Mora preside el Comité Nacional Monseñor Leonidas Proaño y lo que se plantea desde el organismo es que el centro sea inventariado como Patrimonio Cultural Histórico del Ecuador. “Eso va a permitir que todo el espacio se vuelva intangible, que no pueda ser afectado por la urbanización, sin intentar cruzar con calles el terreno”, explica.

En 15 días presentarán el proyecto a la Municipalidad de Ibarra para que apoye la iniciativa. Primero se espera la inclusión en el inventario patrimonial y, el Municipio, mediante ordenanza, puede declarar que el terreno sea declarado intangible y no sea dividido con calles.

En el centro, las construcciones son de adobe, madera y teja, lo que le también hace que el lugar adquiera un valor patrimonial.

Último adiós. Monseñor Proaño fue sepultado en un ataúd elaborado por artesanos sanantonenses, vestía un traje que solía utilizar y fue cobijado con uno de sus tres ponchos.

Tras la gravedad de la enfermedad, vivió en Quito, en la casa del Sagrado Corazón de Jesús, con otros sacerdotes de avanzada edad.

Cuando redactó su testamento, Enrique Ayala Mora estuvo presente y recuerda que dejó los pocos bienes que tenía a la Fundación Pueblo Indio del Ecuador. Un volkswagen, el terreno donde funciona el centro y los derechos de su publicación de obras eran su patrimonio. “Monseñor Proaño tiene como nueve libros, entre ellos el Evangelio subversivo y la mayor parte de sus escritos no están publicados”, cita Ayala Mora.

Monseñor Proaño también fundó Diario La Verdad en Ibarra. En la dictadura militar lo acusaron de comunista. “Consideraban que luchar por la justicia era ser comunista”. Monseñor Proaño viajó hasta El Vaticano donde se defendió y fue declarado inocente.

“Le hicieron mucho daño. Monseñor Proaño fue muy perseguido. Le decían el cura comunista, el cholo sinvergüenza…”. Al indígena Monseñor le dio dignidad. “Le nombraron obispo de Riobamba para que combata el comunismo en Chimborazo y terminó convirtiéndose en un activista de derechos humanos. Los grandes terratenientes de Chimborazo lo odiaban porque impulsaba a los indígenas a que reclamen la tierra, salarios justos y sobre todo a que reclamen dignidad”.