Diálogo, estrategia poderosa

Las páginas de la historia nos cuentan que desde inicios de la humanidad, el hombre y la mujer han tenido que enfrentar diferentes tipos de dificultades, problemas y desacuerdos, que en la gran mayoría de casos no han sido resueltos en forma pacífica sino a través de agresiones verbales, psicológicas y físicas, que en vez de contribuir a su rápida solución, han agravado las cosas, distanciado a las personas y hasta acabado con su vida.

De igual manera, en el caso de los países por discrepancias limítrofes, problemas políticos y crisis económicas para solucionarlos en forma inmediata, sin ningún consenso y utilizando la fuerza, se ha promovido equivocadamente los enfrentamientos bélicos y guerras absurdas, en los que lamentablemente se han perdido vidas humanas, incrementado el hambre, desarrollado las enfermedades y acentuado la pobreza, a más de romper las relaciones internacionales entre naciones vecinas.Es por ello que, en la actualidad, el diálogo se ha convertido en la estrategia más poderosa para facilitar acuerdos, proponer estrategias, mejorar los resultados, intercambiar opiniones, evitar malentendidos, y resolver problemas entre dos o más personas, instituciones, pueblos o países, pero siempre y cuando este diálogo se dé en el marco del respeto, tolerancia, educación y cultura. No obstante, en ciertos sectores de la sociedad, la palabra como forma de relación con la otra persona para reclamar, corregir y buscar soluciones se ha devaluado; puesto que, la prepotencia, desconocimiento, envidia e interés particular no les permite aceptar la verdad, razón y justicia ni mantener un diálogo sano, espontáneo, abierto y sin herir a nadie. Entonces, sí queremos realizar alianzas, convenios y mancomunidades que nos favorezcan como personas, instituciones o países, promovamos desde nuestros diferentes campos de acción, el “diálogo respetuoso,”la “educación y cultura,” la “ética y moral,” y por sobre todo el “consenso y compromiso.” Solo así podremos vivir en un ambiente de paz y armonía en el que todos seamos considerados como verdaderos seres humanos y valorados como ciudadanos con derechos y obligaciones.

 Kim Vivero Saltos
kvivero@pucesi.edu.ec