Desconfianzas y absurdos

Hemos de reconocerlo. Somos una ciudadanía desmoralizada y perdida, sin apenas criterio, pues los grandes dominadores, (el poder de la violencia, el poder de la riqueza, el poder del conocimiento, el poder político, el poder de los medios de comunicación…), son los que ciertamente manipulan nuestros sueños. Sin embargo, en una tierra bastante dolorida por el absurdo, hay algo que nos enaltece y esperanza, lo que podemos hacer por los demás. Pero la situación es la que es, y no debemos engañarnos. Hay una degradación de lo humano que produce realmente dolor, generando una atmósfera de contradicciones que nos desbordan y nos impiden avanzar como seres pensantes. Cuesta creerlo, pero la realidad es verdaderamente cruel para muchas personas.

Cuando todo el mundo habla de políticas públicas complementarias de protección social e inclusión laboral, redistributivas en materias de ingreso, resulta que nada más lejos de los hechos. La pobreza extrema crece en muchas partes del mundo.

¿Qué es lo que está fallando? Quizás nuestras propias miserias humanas, que son tanto materiales, por esa falta de desprendimiento y auxilio, como morales, al convertirnos en auténticos esclavos del vicio y la sinrazón. Asimismo, en ese mundo privilegiado, jamás saciado y adueñado del planeta, aumenta la desigualdad, sin tener en cuenta ese espíritu solidario de vida compartida, por la que somos más felices y más humanos.