Desbordados por la violencia

El día que dejemos de estar divididos, en parte porque andamos sedientos de esperanza y lucidez, aprenderemos a madurar más interiormente, lo que conlleva a ver el futuro de cada cual más nutrido de rectitud social. Sabemos que las guerras nos han devastado y no aprendemos, que disgregarse y no hacerse familia es perjudicial para todos, que refugiarse en el ojo por ojo nos vuelve ciegos, cuando la vida es un camino a profundizar para hacerlo vivo, tanto en vivencias como en convivencias. Nada, por tanto, nos debe ser ajeno. No podemos seguir crecidos por la discordia y, aún peor, desbordados por la violencia. Se requiere otro tipo de rostro más armónico, y otro corazón para verter un rastro más comprensivo, dispuesto a negarse a tomar la vía destructiva contra sí mismo. Para desgracia de la especie humana, de la que todos formamos parte, hay una decadencia silenciosa e inhumana que nos lleva a una realidad verdaderamente catastrófica. Simplemente hay que analizar un nuevo informe de la UNESCO que confirma que la violencia y el acoso entre escolares son problemas importantes en todo el mundo. Desde luego, no podemos permitir que esta situación se ampare en el tiempo, sin hacer justicia a esos sembradores que adoctrinan, que están al servicio del terror, de las ideologías del odio y la venganza en suma. El uso de la violencia nunca puede estar respaldado por nadie, es un camino equivocado, un comportamiento mezquino e histórico, totalmente salvaje.