Desafíos preocupantes

No podemos continuar atrincherados en una estrechez mental, de falta de discernimiento en el valor de cada cosa, pues nos impide avanzar hacia otros estadios más armónicos. Indudablemente, hay que pasar de las bellas palabras a los hechos, y lo importante es que la desigualdad no crezca en un mundo en el que hay que promover de manera justa la ponderación de oportunidades, en toda esa familia global, de la que formamos parte. La discriminación es otra de las deudas sociales que no han sido capaces de atajar, hasta ahora, desde ningún poder humano. Por desgracia, prolifera una desbordante cantidad inhumana de comportamientos que verdaderamente nos dejan sin verbo. Ante este bochornoso contexto, de no ser capaces de dignificar vidas, se requiere con urgencia de otros liderazgos, más comprometidos y responsables con todos los moradores, y también más activos en el diálogo para superar malos entendidos o ciegos andares que nos desmoronan, por su falta de sensibilidad, como especie pensante. Aún hay más, porque las mismas autoridades en ocasiones contribuyen con sus actitudes públicas o estereotipos negativos a la deshumanización, e incluso incitan a la violencia, con su carga de lenguajes extremistas. Todo este conglomerado de ineptitudes nos exige cambiar de aires. Hagámoslo de una vez por todas. En cualquier caso, no me parece de recibo, como en su tiempo dijo Nelson Mandela, denegar a las personas sus derechos humanos, porque es cuestionar nuestra propia humanidad.