Desafío de la espiritualidad misionera

mauro aguirreFrente a una cultura mediática y la cultura moderna que se caracteriza por la centralidad del hombre, la Iglesia necesita responder y presentar a Jesucristo como paradigma personal y social y como respuesta a los problemas que afligen a las culturas modernas, es urgente intensificar el diálogo entre fe y ciencia, fe personal y expresiones, fe e instituciones que son grandes ámbitos de la cultura moderna.


Existe una incoherencia entre los valores del pueblo, inspirados en principios cristianos y las estructuras sociales generadoras de injusticias. Tenemos también el vacío ético y el individualismo reinante, que reducen la fundamentación de los valores a menos consensos sociales subjetivos.
La poderosa influencia de la tecnología en el mundo hace un tanto olvidar de la necesidad de buscar la oración, reflexión y testimonio cristiano formando comunidades apostólicas, misioneras, activas y eficaces. La obra evangelizadora, inspirada por el Espíritu Santo que al comienzo tuvo generosos  protagonistas sobre todo a miembros de órdenes religiosas, fue una obra conjunta con el pueblo de Dios, de obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles laicos.
La Iglesia latinoamericana  reconoce en sus comienzos misioneros la colaboración de los propios indígenas bautizados, a los que se sumaron, con el correr del tiempo, catequistas afroamericanos. Los medios pastorales fueron una incansable predicación de la Palabra, la celebración de los sacramentos, la catequesis, el culto mariano, la práctica de las obras de misericordia, la denuncia de las injusticias, la defensa de los pobres y la especial solicitud por la educación y la promoción humana. Juan Pablo II dijo: los grandes evangelizadores defendieron los derechos y la dignidad de los aborígenes. El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica nos dice: cuando necesitamos un dinamismo misionero que lleve sal y luz al mundo, muchos laicos sienten temor de que alguien les invite a realizar alguna tarea apostólica y tratan de escapar de cualquier compromiso que les pueda quitar su tiempo libre así se gesta la mayor amenaza, que es el gris pragmatismo de la vida cotidiana de la Iglesia.

 

Padre Mauro Aguirre
ESPECIAL PARA “EL NORTE”