Dependencia, otra vuelta de tornillo

marcelo almeida pastorUn discurso alambicado vuelve a rondar los círculos académicos. La globalización y las corporaciones económicas supranacionales buscan más intereses utilitarios de la institución educativa. Ayer fueron las competencias y hoy son las habilidades de aprendizaje los justificativos para entrenar la mano de obra que la cuarta revolución industrial demanda.

El enfoque economicista del manejo de recursos -en el que incluyen a los seres humanos- genera distorsiones porque reduce la visión del desarrollo y crea inequidad social. El argumento del cambio tecnológico busca reasignar el rol de la educación de profesionistas y trabajadores porque la generación de plusvalía requiere fuerza laboral con habilidades homogeneizadas y adaptables.

Busso et al. (2017) dicen “Las habilidades son capacidades que aumentan la productividad de los individuos, permitiéndoles producir más en igual tiempo y utilizando la misma tecnología y equipo”. Para ello requieren habilidades generales y específicas; las primeras “mejoran la productividad de las personas en una amplia gama de ocupaciones” y las segundas “aumentan la productividad en una gama reducida de ocupaciones, sectores o empresas”.

Puntualizan que “una determinada competencia puede ser considerada una habilidad solo si permite que un individuo sea más productivo desde un punto de vista económico…una competencia se reconoce como habilidad si permite que el individuo pueda producir más, con todos los demás factores constantes, como el tiempo destinado a la tarea, la tecnología disponible, el capital físico y la disposición de los factores en la economía”.

Vuelven a sustituir la formación humana integral. No faltará el “académico” que teorice sobre “la nueva educación basada en habilidades”. Así dependencia y mercado dan otra vuelta de tornillo.

Marcelo Almeida Pástor
malmeida@utn.edu.ec