“Democratizar la comunicación”

ricardo trotiSin libertad de expresión la democracia es imperfecta. Esta máxima quedó más vigente que nunca tras la reunión semestral de la Sociedad Interamericana de Prensa que culminó en Brasil. No se debe solo a los 18 periodistas latinoamericanos asesinados este año, ni al bullying gubernamental ni al acoso legal contra medios de comunicación privados, pero sí a dos temas que trascienden a estos grupos y que afectan la libertad de expresión de los ciudadanos:

Las restricciones a la información pública que los gobiernos están obligados a ofrecer y el burdo bombardeo propagandístico estatal, como si se viviera en un proceso de elecciones permanentes. Estas dos características desnaturalizan la esencia de la democracia, la que no se basa solo en el derecho del ciudadano a votar, sino en el deber del gobierno a informar sin mentir y a rendir cuentas de sus acciones. Para que el sistema funcione, la democracia tiene en las ONGs y en la prensa privada a sus anticuerpos, las que deben tener libertad y garantías para fiscalizar al poder público. Existen  gobiernos y grupos que reniegan de esa acción fiscalizadora ciudadana. En un mensaje a la SIP, el premio Nobel argentino, Adolfo Pérez Esquivel, y un grupo de intelectuales, calificaron a la institución de “Cartel” compuesto por dueños de medios “que concentran y monopolizan el sector”, y que se oponen a la “democratización de la comunicación”. Invalidaron así, que periódicos de familias como El Universal de Caracas, El Comercio de Lima, La Nación de Buenos Aires o el New York Times de los Sulzberger, tuvieran derecho a existir. La SIP y los medios no se inmutan por descalificaciones, ya que las han experimentado con diferentes gobiernos arbitrarios, Pero ahora, lo que por “democratización de la comunicación” se vende, es el falso precepto de que los medios privados pretenden el dominio económico, oprimir a los pobres, son corruptos y antidemocráticos, por lo que el Estado debe disciplinarlos y asumir o subsidiar canales informativos propios para decir la “única verdad”. 

 

Ricardo Trotti
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