Dejó el ‘Bronx’ y recuperó su vida en Ibarra

Ibarra. En junio de 2016, la calle conocida como ‘El Bronx’, en Bogotá, se cerró. El lugar era catalogado co-mo una de las más grandes zonas de venta de droga y cometimiento de delitos en Latinoamérica, en donde los ‘habitantes de calle’ hacían de las suyas para conseguir estupefacientes y cometer una ola de delitos como robos, extorsiones, violaciones y asesinatos.

Historia. Desde esta infernal calle, ubicada en pleno centro de la capital colombiana, salió el protagonista de esta historia, un joven de 23 años, de estatura mediana y contextura delgada, llamado Robinson. Su timidez y paciencia al hablar delatan la vida de infierno que vivió en su natal Co-lombia, sin embargo ahora su rostro derrocha esperanza y una vida tranquila, lejos de todo tipo de sustancias estupefacientes, que estuvieron a punto de acabar con su vida.

El joven de ojos verdes cuenta cómo inició en el mundo de las drogas y que circunstancias le llevaron a vivir en ‘El Bronx’.

Testimonio. “Empecé en el mundo de las drogas porque nací en un barrio marginal de Bogotá y me críe ahí, era un lugar de consumo, una ‘olla’. Desde ahí empecé con las malas amistades y compañías, además familiares míos también consumían; en todo mi barrio vendían droga. Inicié con marihuana a los 13 años, luego probé cocaína, pero mi droga favorita terminaron siendo las pastillas, era un farmacodependiente”, dijo. Robinson, comentó que para conseguir dinero, al inicio, les mentía a sus padres, quienes luego de darse cuenta de su adicción, le dejaron de proveer de efectivo. Contó que se fue de la casa luego de robar a su familia todo lo que podía vender o cambiarlo por drogas.

“Después ya no podía entrar a mi casa y robaba en la calle, vivía solo para consumir. Mi familia siempre trató de apoyarme para querer internarme, pero nunca sentí la necesidad de salir de ese mundo, conocí amistades que me llevaban a robar y consumir, y ahora me doy cuenta que sólo me brindaron maldad”, dijo el joven que afirmó haber estado preso en varias ocasiones por los constantes robos.

Experiencia. “Viví en ‘El Bronx’, estaba un tiempo, salía a mi casa y volvía otra vez. Antes de estar interno acá, llevaba tres meses en esa calle sin poder salir, porque las drogas no me dejaban, yo vivía para consumir. Vendía drogas ahí mismo, en donde además, habían asesinatos y prostitución, todo en el centro de Bogotá; ahora ya no existe, pero en ese tiempo era una de las ‘ollas’ más grandes de Latinoamérica. Yo era un ‘habitante de calle’, entraba ahí, pagaba mi cuarto y ahí mismo consumía, vendía droga, robaba, duraba de tres a cuatro meses sin salir de ahí, porque para mí, en ese lugar lo tenía todo. Cuando me recuperé acá en Ibarra esa calle ya no existía, pero yo pasé luego por el sector y me dio temor y vinieron a mi mente muchos recuerdos, por las fuertes experiencias que pasé, ya que conviví con asesinos, violadores, gente que vivía de la delincuencia, solo bandidos”, agregó.

Su nueva vida. Robinson cuenta que nunca había venido a Ecuador y que el Centro de Rehabilitación José Martín, en donde se recuperó y ahora labora, lo conoció su madre, por medio de un conocido que también fue parte del proceso.

“Vine hace cuatro años, mi recuperación e internamiento duró nueve meses. “Me trajeron engañado y con mentiras a Ipiales, me dijeron que íbamos a visitar a familiares y allá fue directamente el director del centro, Carlos Torres, fue a ‘capturarme’, porque eso es lo que uno piensa en ese momento, pero en realidad me salvó la vida, porque conocí un nuevo mundo. Ese día me negué, solo pensaba en consumir y seguir en la calle, pero a medida que fue pasando el tiempo, me di cuenta que todo era para mi beneficio”, agregó.

Robinson contó que su recuperación fue a base de terapias vivenciales y psicológicas, charlas, compartiendo experiencias de la calle y con el apoyo de su padrino de recuperación.

“Una vez recuperado visité a mi familia, se sintieron muy orgullosos de mí porque escogí una nueva vida.

Aquí en el centro hago la recepción de las personas y sus familias. Cuando veo llegar a los muchachos pienso en ayudarlos, así como me ayudaron y apoyaron cuando llegué”, relató el joven a Diario EL NORTE.