De la navidad al apocalipsis

ruben-darioEstamos confundidos. O perdidos. Hemos llegado a un punto de nuestro sentido de la vida en el que medimos el afecto y el cariño y la admiración de los otros hacia nosotros por los objetos que nos regalan, por el culto que nos rinden, por la cantidad de cabezas que se agachan cuando pasamos frente a ellas, por la farra ansiosa e interminable, por la calidad de los electrodomésticos que compramos.

Hace tiempo que la temporada navideña ya no es el momento para la reflexión colectiva, para la rendición de cuentas a nosotros mismos, para planear con la familia y con la sociedad los sueños del amor futuro. La época decembrina ahora es el estrés, la histeria, la locura, la paranoia, el miedo a quedar mal. Es el temor al qué dirán, la obsesión por la manera en que nos ven los demás, la búsqueda frenética de un entusiasmo impostado, una euforia a la fuerza. Es el cumplimiento de “compromiso social”, las fiestas, el alcohol, la droga, la pérdida de la dignidad personal en el fondo de una mezcla alucinante y mortal: un seductor whisky, una dosis de marihuana y un cuarto de galón de energizante para compensar los frustrantes límites del frenesí con la inexistente frontera de lo que nunca debería terminar. Las calles son violencia, miedo, expectativa, búsqueda, angustia, prisa, un incesante entrar y salir de los almacenes en busca de lo que no existe ni existirá jamás en los escaparates: la paz, la amistad, la fraternidad, la solidaridad, la tolerancia. Es la celebración del nacimiento de un hombre que encarnó esas virtudes, que nunca valoró lo material, que fue condenado a morir de la manera más cruel en castigo a su irreverencia, a su rebeldía, a su inconformismo, a su capacidad de persuasión a los resignados, a sus convicciones espirituales, a su desapego a la mentira, a su rechazo al enriquecimiento fácil, a su desprecio a la hipocresía, a su trabajo silencioso pero inclaudicable por los más necesitados y los más humildes. No queda duda. En lugar de seguir el ejemplo espiritual de un líder y mártir, hemos transformado la navidad en un apocalipsis y nos hemos condenado a vivir en los infiernos de los centros comerciales.

 

Rubén Darío Buitrón
Tomado del blog:
www.rubendariobuitron.wordpress.com