Cristina: “Me sentí mal, pero fui aceptando la realidad”

Unas alas de ángel de color blanco fueron el accesorio con el que Cristina (nombre protegido) adornó su vestuario. Un vestido de encaje beige y zapatos de tacón altos de tono café.

Dicho atuendo fue el escogido para regresar a su oficio, el ser una bailarina y trabajadora sexual en un night club, ubicado al norte de la ciudad de Ibarra. Esto después de cuatro fines de semana sin poder trabajar por los toques de queda largos que se vivieron en 16 provincias del país, incluida Imbabura, para tratar de controlar el COVID-19.

Confiada y con mucha ilusión de retomar su trabajo, así fue como llegó la tarde del viernes al lugar con la esperanza de que los clientes asistan, los centros de tolerancia podrán operar desde las 14h00 hasta las 00h00. El día que Cristina no trabaja simplemente no tiene ingresos.

Su historia
“Me sentí mal y como sucia, pero a medida de que el tiempo iba pasando fui aceptando la realidad”, confesó, mientras sus ojos se humedecían y corrían un poco de su maquillaje.

Cristina recordó que decidió entrar al mundo de la prostitución porque el dinero no le alcanzaba, lo poco que ganaba con los trabajos que encontró en Ecuador cuando recién llegó de su natal Venezuela le era insuficiente para solventar sus gastos y el de sus dos pequeñas hijas. Una está en Ecuador y la otra se quedó en su país.

Su familia no sabe que se dedica al trabajo sexual, ha tenido que inventar un sinnúmero de historias para que sus parientes, que se encuentran lejos, no la descubran.

“Después de haber criticado y haber pensado de muchas maneras ahora me encuentro acá haciendo lo mismo”, confesó, pero está agradecida “por haberle dado una estabilidad a mi familia y poderles dar lo que ellos necesitan”.

Esperanza
A pesar de vivir bajo la sombra del anonimato, en el night club encontró a personas que la respaldan. Junto con las otras chicas que laboran ahí ha creado un lazo de amistad muy fuerte y se apoyan las unas a las otras, “la gente piensa que uno lo hace por placer, pero todas hemos pasado por cosas muy duras”.

Cristina mencionó que el plus de trabajar en un establecimiento es que tiene una red de apoyo y no se enfrenta a los peligros que podrían ocurrir si se dedicara a lo mismo en la calle.

Tras el fin del estado de excepción, espera volver a tener un número importante de clientes para tener ingresos.