Coyotes hacen negocio con el drama de los migrantes

Ibarra. Los migrantes que quieren ingresar a Estados Unidos sin la documentación apropiada lo hacen con la ayuda de redes de coyotes, como se les conoce a los traficantes. Es un negocio de alto riesgo y frecuentemente con importantes ganancias que genera unos seis mil 600 millones de dólares al año a lo largo de las rutas que llevan a Estados Unidos, según un reporte de 2010 de las Naciones Unidas.

Historias. Toa Maldonado, socióloga y quien fue delegada de la Defensoría del Pueblo de Ecuador en México, desde 2015 hasta octubre del año pasado, dice que hay muchas historias diferentes pero que todas tienen un mismo objetivo que es buscar una vida mejor.

“Lo más impactante es ver a mujeres que viajan con niños muy pequeños, que han dado a luz hace pocas semanas o meses y querían llegar a EE.UU. para encontrarse con sus maridos. Por ejemplo, conocí a una mujer oriunda de Cañar, su esposo viajó hace 5 años y había pagado a un coyote para que vaya junto a sus dos hijos de 8 y cinco años. Los colocaron en un tráiler con unas 140 personas y en el trayecto el coyote les pedía dinero porque tenía que dar ‘una mordida’ o una coima a algún agente de migración o agente federal pero cuando se acabó el dinero los obligaron a salir”, comenta y afirma que fue doloroso ver cómo los niños no comían ni dormían por lo asustados que estaban.

Un negocio. La socióloga afirma que los coyotes les piden dinero antes del viaje, les quitan los pasaportes, piden más dinero en el trayecto y les dicen que no confíen en las autoridades por lo tanto cuando los detienen, muchos de ellos no quieren hablar y no se dejan ayudar. “Los migrantes son un nicho de mercado para los coyotes por esa necesidad de viajar. Son una mina de oro. Pueden extorsionar, secuestrar, violar. Los migrantes resultan ser un negocio redondo”.

Falencias. Desde su punto de vista, cree que el Estado no ha creado políticas adecuadas para que las personas encuentren aquí mismo su bienestar, además de no brindar la información completa sobre qué sucede en estos trayectos o incluso si llegan a EE.UU. “Esa carencia provoca que confíen ciegamente en los coyotes”, dice Maldonado.

Otra de las falencias es que la mayoría de las políticas migratorias no están pensadas en derechos humanos. “Somos ciudadanos del mundo pero esas leyes de un país a otro hacen que se busquen alternativas”. Estas alternativas que en muchas ocasiones pueden ser incluso fatales.

Muchos inmigrantes dejan todo atrás y se arriesgan en busca de una vida mejor. Algunos de ellos no llegan a su destino y otros solo encuentran la muerte.