Confucio y la educación superior (2)

Confucio (551 a 479 a.C.) precisó: “A los quince me incliné ante el saber. A los treinta levanté mi huerto. A los cuarenta no tenía dudas. A los cincuenta conocí los secretos del Cielo. A los sesenta, mis oídos se hicieron órgano obediente a escuchar la verdad. A los setenta pude seguir las insinuaciones de mi corazón, sin transgredir lo correcto”.

“Si un hombre superior abandona la virtud, ¿cómo puede mantenerse en tan alto honor?”. “El hombre superior, ni aun a cambio de un plato de comida puede actuar en contra de la virtud”. “En este mundo, el hombre superior no asume posiciones ni en pro ni en contra: va tras lo correcto”.

“¿Quién puede salir sino por la puerta? No entiendo entonces por qué no se camina por la vía recta”. “¿Qué constituye a un hombre superior?: actúa y después habla, cuando habla lo hace de acuerdo con sus actos”. “Si las palabras y los hombres no son correctos, el lenguaje pierde su razón de ser. Cuando el lenguaje pierde su objetivo, los asuntos no marchan bien.

Cuando los asuntos no marchan bien, es como si los ritos y la música se despreciaran. Cuando los ritos y la música se desprecian, las penas y los castigos carecen de sentido y el pueblo no sabe en qué pie danzar. Por tal causa, todo lo que el hombre honesto conciba, debe poder decirlo y lo que dice, debe poder hacer.

En lo concerniente a su lenguaje, el hombre honesto nada le deja al azar.” (Borrero, 2000, Volumen II).