Compromiso con la educación superior

altEl amor por la belleza de la palabra, por la escritura y los estudios ha llevado a la doctora Susana Cordero a asumir con pasión y compromiso el rectorado de la  Universidad de Otavalo. 

Y es que quizá la  inclinación nace de una larga tradición familiar. La doctora Cordero expresa que tal vez para educar mejor en el Ecuador a veces falta ese sentido familiar, el hecho de que los padres y los abuelos combinen su vida de hogar con una relación de tipo intelectual en la que ayuden a los niños a leer,  escribir y a darse cuenta de la importancia de la palabra para cada uno de los actos de su vida, no solo como un estudio o una ciencia, sino fundamentalmente como una forma de ser. 

¿Qué implica estar al frente de la Universidad de Otavalo?
Es en pocas palabras, la culminación de mi carrera, comencé a trabajar en la Universidad de Otavalo desde que ésta empezó a funcionar, se me pidió que colaborara como profesora de lenguaje y comunicación, y así lo hice, para mí fue una gran sorpresa el que hace aproximadamente dos años se me pidiera que de alguna manera rigiera el destino la universidad, como se suele decir, a través del rectorado.

¿Cómo ha visto la evolución de la casona universitaria?
Bueno, es una universidad que no comenzó hace diez años, inició hace 43 años con el IOA, porque la universidad es un resultado de ese viejo trabajo que se consolidó al dar todo lo que el Instituto sabía, una forma de integrarse a la sociedad otavaleña a través de la enseñanza. Por eso es que nuestra universidad es plenamente humanista, es lo que siempre me satisfizo, y me llena ante todo que se reconoce el valor del ser humano.  

¿Cuándo nació en usted el deseo de la cátedra universitaria?
Fue como un descubrimiento, yo estudiaba literatura que es la rama que he cultivado, durante mis estudios el padre Villalba, un imbabureño, me dijo Susana no te gustaría dar clases y así comencé.

¿Qué ha sido lo más gratificante como catedrática?
Tengo una anécdota muy emotiva y linda en mi vida, fue cuando alguien que era una vieja alumna mía en la universidad Católica de Quito, la volví a ver al cabo de muchos años,  ella había seguido un poco de mi trayectoria como editorialista,  y dijo alguna vez delante de mucha gente “Susana es la persona que nunca me ha desilusionado”, eso  para mí fue un reconocimiento muy bello, pues he sido fiel a mí misma y eso es importante.

¿Cómo fue seleccionada para ser representante de Ecuador en la RAE?
A través del periódico tuve las columnas de corrección idiomática, esto hizo que los académicos se fijaran en mi trabajo, y en el año 1996 se me propuso pertenecer a la Academia como miembro correspondiente y fui recibida como miembro de número en el año 2000 hasta hoy.

¿Al ser miembro de la RAE cómo transmite ese conocimiento?
Ese conocimiento se transmite a diario, en mi voluntad del uso correcto de la lengua y  toda la vida a través de la cátedra.

¿Está satisfecha con lo que ha conseguido la universidad?
Estoy satisfecha por lo que ha conseguido la universidad sin dejar de reconocer por eso que tenemos muchos límites, que surgen de la sociedad en la que vivimos, estamos trabajando mucho para la acreditación que evidente llegará, pero que no será tampoco una culminación, sino más bien la forma de recomenzar nuestro trabajo para que  sea hondamente significativo en la sociedad.