Complejo psicológico

Ecuador, es un curioso caso en el mundo, un pequeño país ubicado en la mitad del mundo, un hervidero de matices que todavía no encuentra su rumbo, una familia de locos apasionados e impulsivos; como alguien lo dijo: Absurdistán  o la trivial Babana Republic; en fin somos un caso atípico, digno de un estudio psico-sociológico.

Bolívar sostenía, hablando de América, que “ni indio ni español”, “somos un pequeño género humano aparte”. Según Jorge Enrique Adoum: “el ecuatoriano frecuentemente actúa, sobre todo en el extranjero, como si cargara en sus hombros o llevara inscrita en la frente, una suma abrumadora de errores, defectos, caídas, disparates, históricos o personales, acumulados o recientes, que llegan a saberse afuera…avergonzados se hacían pasar por colombianos, chilenos y peruanos, sin por ello dejar de ser lo que eran en el fondo”.

Parecería que el ecuatoriano, en un lugar recóndito de la psiquis, tiene guardado un extraño complejo, esperando ser descubierto y tratado médicamente.  El fratricidio precolombino, el sadismo colonial y el caudillismo republicano, conformaron el ADN social del ecuatoriano. Cómo explicar la cantidad de Constituciones que se han redactado, la cantidad de golpes de Estado, de guerras civiles, de levantamientos, la cantidad de veces que se ha tropezado con la misma piedra, la frágil memoria colectiva, la cantidad de leyes redactadas e incumplidas, las consultas populares tendenciosas, la extraña inclinación hacia las dictaduras; indudablemente reflejan nuestro crudo pasado político y el sentimiento mediocre de que necesitamos de alguien, que nos solucione nuestros  problemas. Estamos listos a la cómoda posición de borregos, de seguir, pero nunca de ser protagonistas de un destino común. El sadismo colonial nos ha condicionado al látigo del patrón. El ecuatoriano después de casi 200 años de vida republicana, no ha podido encontrarse consigo mismo, de aceptar a conciencia que es fruto del mestizaje, que necesariamente debe asumir su personalidad, sin despreciar su par cultural que lo concibió, de quererse a si mismo, de valorarse, de creer en sí mismo.

  Raúl Amaguaña Lema.
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