Clausuraron sitio donde hacían ‘amarres y limpias’

Ibarra. Con rostros de preocupación y cansancio, aproximadamente 15 personas esperaban en la entrada a una casa, ubicada en la avenida Los Galeanos, en Ibarra. En el lugar se respiraba un fuerte olor a orina, humedad, hierbas, colonias esotéricas y cigarrillo.

Una mujer manifestó haber viajado desde Guayaquil para que ‘le vieran su suerte’ en el sitio, sin imaginarse que estaba a punto de ser clausurado.

Al ingreso una joven entregaba hojas volantes en la cual estaba impresa una oración y una frase que mencionaba que debe repetirse tres veces antes de romper el ‘coco’.

Con notable nerviosismo, trató de explicar al comisario municipal, Marcelo Pozo y a los funcionarios de la Agencia Nacional de Regulación, Control y Vigilancia Sanitaria, Arcsa, sobre la actividad que se cumplía en el sitio, mientras su madre continuaba atendiendo a una cliente en uno de los cuartos. La muchacha sacó una carpeta con documentos, pero ninguno avalizaba o autorizaba que en el sitio se podía practicar actividades ancestrales, brujería o limpias.

Al ver que las autoridades empezaron a ingresar a todos los rincones de la vivienda, Janeth G. (propietaria del centro) abandonó por unos minutos a su cliente y salió a preguntar qué pasaba.

La mujer intentaba demostrar tranquilidad y afirmaba que ella acudió a la Municipalidad de Ibarra para sacar los permisos correspondientes.

En uno de los cuartos había hierbas, huevos y esencias y un espacio para hacer ‘baños’ a los clientes, en otro espacio estaba una mesa con una vela y recipientes, en donde la propietaria se encontraba atendiendo a la cliente. Pero la mayor sorpresa estaba en el espacio del fondo, en donde los insectos daban la bienvenida.

Hallazgo. Los clientes murmuraban en la entrada y se notaban angustiados al ver que ya no les atendería, uno a uno empezaron a salir y se quedaron esperando en la esquina del sitio.

Los funcionarios, por su parte, ingresaron a la última puerta de la vivienda en donde se velaban fotos, se hervía esencias y se guardaban en viejos cajones un sinfín de objetos destinados a las prácticas de hechicería. Los ‘amarres’, con fotografías, se encontraban detrás de velas amarillas y huevos, en una funda estaban más fotos con distintas notas. Un duende, que cargaba a una especie de marciano, parecía mirar a los ‘extraños’ en el sitio. En la vestidura de este ser también estaba el nombre de otro ciudadano.

Los cajones de una vieja cómoda estaban llenos de sustancias extrañas, prendas de vestir, cintas, polvos y brebajes. Encima de la cómoda habían frascos con líquidos de colores y cocos, junto a eso se encontraba un costal lleno de cigarros y cenizas y, al frente, se hervía en una olla otra sustancia. Todo estaba inundado de insectos, que parecían cuidar un grupo de zapatos que permanecían juntos a desechos quemados. Al final, el sitio fue clausurado.

Todos los objetos se quedaron en el lugar. Lo único que se decomisó fueron cosméticos de venta.
Cada espacio estaba destinado para una actividad diferente. En una especie de ducha se realizaban los baños de purificación.
Un grupo de fotos con nombres y pagos también se encontraron en el cuarto en donde se practicaban los supuestos ‘amarres’.