Ciudades sin identidad

La Identidad de una ciudad es un rompecabezas de piezas asimétricas que las instituciones que las gobiernan deberían armar si quieren que el concepto de “desarrollo” tenga contenido y no sea una palabreja vacía con la que encubrimos y descubrimos la mediocridad con la que se crean e implementan las políticas públicas. La identidad no es otra cosa que la suma de esas heterogéneas manifestaciones del patrimonio material e inmaterial y de las distintas manifestaciones del arte y su rol en el desarrollo solo se puede entender con conocimiento y experiencia y las autoridades que provienen no del ámbito cultural, sino del político, no tienen necesariamente que tenerlas, aunque si deberían intuirlas, no porque la identidad sea un tema antropológico de moda en América y Europa, sino porque los expertos descubrieron hace rato que la identidad da plata. Los países con mayor demanda turística son los que tienen una fuerte identidad, aquellos que invirtieron en investigarla, descubrirla, mantenerla, reconstruirla o incluso inventarla. Por algo se dice que “la cultura factura”, pues los bienes, valores y manifestaciones culturales son el ingrediente fundamental del turismo. Los servicios turísticos aúpan de él, existen para prestar ayuda a los turistas que vienen a conocer una ciudad con identidad fuerte, particular, distinta a todas cuya identidad está constituida por manifestaciones culturales atractivas para su propio pueblo y por supuesto para los extraños.