Celebrar la Navidad

mauro aguirreCon alegría cristiana celebremos la llegada del Divino Salvador, Jesús, quien nació en Belén y cumpliendo las profecías del Antiguo Testamento, así nos expresa el salmo 23: “Portones alzad los dinteles, que se alcen las antiguas compuertas va entrar el rey de la Gloria, bien se dice Señor Dios, que con venida de tu Hijo has querido redimir al hombre, concede a los que van adorarlo, hecho niño en Belén, participar de los bienes de su redención”.

En la mayoría de países de tradición cristiana, se mantiene  la solemne novena rezada en las familias e instituciones, en nuestra Ciudad de Ibarra se siente este fervor religioso tanto en las parroquias, barrios y familias quienes al reunirse en oración, reflexión, meditación se ha colocado la mirada en el humilde hogar de Jesús, José y María.
Toda la festividad navideña es una continua epifanía a los pastores, a sus padres, a los reyes magos y al pueblo de Israel, en la que Jesús de niño a adulto va mostrando quien es Hijo de Dios, Príncipe de  La Paz, hombre como nosotros, Salvador universal. En la Navidad nos sentimos más hijos de Dios, más cercanos a aquel que quiso hacerse partícipe de nuestra naturaleza mortal. Pero ninguna  otra fiesta como ésta ha sufrido un proceso de secularización, comercialización  y donde nos absorbe la oferta de cosas y con su distracción hay el peligro de olvidarnos de los profundos valores religiosos que caracteriza a esta celebración cristiana, donde el pesebre con los personajes bíblicos son el centro de toda mirada, luego el canto de los tradicionales villancicos alegran este tiempo litúrgico de evangelización. Bien nos señalan los Obispos en el Documento de Puebla. Debemos presentar a Jesús de Nazaret compartiendo la vida, las esperanzas y las angustias de su pueblo y mostrar que es el Cristo creído, proclamado y celebrado por la Iglesia. No podemos desfigurar, parcializar o ideologizar la persona de Jesucristo como político, revolucionario, líder o un simple profeta. Cualquier silencio, olvido, mutilación o inadecuada acentuación de a integridad del misterio. El verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Como familia de Jesús, celebremos esta festividad con acción de gracia y que está Navidad nos una en el amor, amistad y solidaridad.

 

Padre Mauro Aguirre
ESPECIAL PARA “EL NORTE”