Carta al señor Dios por la masacre sionista

ruben-darioNo sé si usted, señor Dios, tendrá tiempo para leer esta carta, pero lo hago porque los genocidas se toman su nombre para matar a personas inocentes.Me gustaría que me diera luces y me dijera qué debo hacer, como ciudadano del mundo, para frenar la masacre sionista al pueblo palestino que sobrevive en Gaza, ese pedazo de tierra cercado por Israel y convertido en un gigantesco campo de concentración desde donde el único aire benigno que se respira es el del mar. Me gustaría conversar con usted, mirándolo a los ojos, para que me explique por qué los poderosos que reescriben cada día la historia nos mienten para legitimar actos que son imposibles de legitimar desde la ética, desde la moral, desde los valores, desde los principios, desde los derechos humanos, desde la paz que usted, señor Dios, dicen que predicó a través de su hijo, Jesucristo, quien nació y vivió en aquellas tierras hoy atestadas de minas antipersonas, de esquirlas de granadas, de cuerpos inertes, de huérfanos, de ancianos abandonados, de cadáveres destrozados de niños? ¿Ha observado, señor Dios, la indignación de miles de personas en diversas partes del mundo, incluso de judíos de Nueva York que exigen el fin inmediato del ataque?¿Ha visto usted, que todo lo mira, marchas y manifestaciones en Amsterdam, París, Buenos Aires, México, Estambul, Londres, Santiago de Chile, Quito, entre otras ciudades que se van sumando? Si el irónico premio Nobel de la Paz Barack Obama, presidente del omnipoder, dice con cinismo que “Israel tiene derecho a defenderse”, ¿qué podemos hacer yo y usted, si compartiéramos la frustración por la imposibilidad de frenar la masacre? ¿Ha escuchado que el más grande intelectual vivo de EE.UU., Noam Chomsky, con toda su autoridad moral, más siete premios Nobel de Ciencias en ese país, exigen el embargo de armas a Israel? ¿Está enterado, señor Dios, de la fuerte alianza de Estados Unidos con Israel y del terrorismo de Estado que ejercen los dos gobiernos?.. Con tanta razón, Mandela, un sencillo ser humano, dijo un día: “Sin la libertad de Palestina, la nuestra está incompleta”. Disculpe, señor Dios, que le haya quitado su valioso tiempo.