Carmen Acosta tiene una verdadera vocación humana

IBARRA.- Con nostalgia y la satisfacción de haber dejado huellas positivas en su trayectoria como docente, Carmen Acosta, después de 37 años de dedicar su vida a compartir su conocimiento tanto académico como personal con jóvenes y señoritas que también la recuerdan con profundo cariño, se retira de la docencia.

La pasión por la docencia nace con el impulso de una amiga, quien le recomendó rendir las respectivas pruebas, fue aquella amiga quien le motivó para que ingresara a estudiar. “Llena de ilusión tomé la decisión y me acerqué a rendir las evaluaciones” expresó Carmen.

Con orgullo “Carmita” diminutivo con el que la conocen sus familiares, amigos y especialmente alumnos, cuenta que tiene dos títulos. Su primer título como docente de educación básica, que lo obtuvo en la institución superior Alfredo Pérez Guerrero en San Pablo. El segundo título de la universidad, lo consiguió en el año 2002 de licenciada de físico matemático.

Una vez culminados sus primeros estudios tuvo la oportunidad de trabajar en una escuela llamada Santa Teresita del Niño Jesús, actualmente es la sección básica de la Unidad Educativa Oviedo.

“El Oviedo ha sido mi casa de trabajo desde que empecé, el Oviedo me vio nacer profesionalmente y en él me despido” comentó. Con el tiempo su trabajo se dio a conocer y llegó a trabajar también en la Unidad Educativa Madre Teresa Bacq, institución en la que trabajó por 5 años y desempeñó el cargo de vicerrectora de la secundaria, mientras seguía trabajando a la par en su querido ‘Oviedo’.

Cuenta que cuando inició su trabajo como docente, se enfrentó al rechazo de los padres de familia, “los padres de familia no querían que les de clases a las niñas porque que recién me había graduado, pero cuando empecé a dar clases querían regresar a mí”, explicó entre sonrisas Carmen.

En sus anécdotas también toma en cuenta a sus nietos, ya que ellos al observar que Carmen daba clases de nivelación, también querían aprender. Carmen cuenta feliz como sus nietos acudían a ella siendo aún niños, para que les enseñara matemática. “Especialmente la mayor de mis nietos, encontró un álgebra del papá y venía a que le de clases cuando tenía tan solo 5 añitos” mencionó.

Actualmente sus nietos ya son jóvenes pero siempre acudieron a ella.

Trabajó también en la Unidad Educativa Víctor Manuel Guzmán, dicha institución educativa la acogió asimismo de manera positiva pero solo por 6 años antes de jubilarse.

En el año 2016, tras cumplirse su tiempo de servicio, edad y la necesidad de cuidar a su madre, Carmen decide jubilarse y dejar las aulas.
Al poco tiempo su madre falleció y recibió una propuesta, para regresar a cumplir con lo que tanto le apasiona, la docencia. La propuesta llegó nuevamente desde la Unidad Educativa Oviedo.

Regresó a las aulas a seguir brindado su conocimiento, pero sobre todo, aquel carisma con el que todos quienes la conocen, la identifican.
Hoy tras cino años haciendo lo que tanto ama, toma la decisión de retirarse definitivamente de las aulas.

“Es lo que amo, pero ya estoy cansada. Con la virtualidad la tecnología me ha jugado en contra, pero quiero seguir brindando clases de nivelación”, explicó Carmen.

Por otro lado, sus ex alumnas agradecen la enseñanza impartida y señalan el cariño especial que han llegado a tenerle. “Carmita ha sido de todos la mejor docente que tuve en el colegio, su forma de enseñar es única”, comentó Iveth Ortega, exalumna de Carmen, quien la recuerda con mucho cariño.