02-02-2020 | 13:31
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El toro de fuego ilumina a la Virgen de la Caridad en Mira

Mira. A la Santísima Virgen de la Caridad o de la Candelaria se la celebra en un pueblo de los Andes de Ecuador con el “Novillo bomba”, un toro con fuego en los cuernos que ilumina a la localidad de Mira en la primera noche de febrero.

La fe en la también conocida como Virgen de la Purificación data de 1584 en este pueblo del norte andino de Ecuador, aunque hace 332 años los afrodescendientes que entonces habitaban en esta prodigiosa zona le llamaron “Mamaíta de la Caridad”.

Así lo relató a Efe la historiadora y docente Rosa Ramírez, quien desde hace mucho trabaja en un proyecto para la “recuperación del patrimonio oral de Mira”.

Recordó que “la fiesta de la Candelaria” se celebra el 2 de febrero y remarcó que en Mira esto es un verdadero acontecimiento que reúne a sus más de 6.000 habitantes, así como a los emigrantes que regresan en esta fecha para mostrar su devoción a la virgen.

También muchos extranjeros llegan a Mira para acudir al desfile alegórico en el que los vecinos de los distintos barrios acarrean las matas secas de chilca, un arbusto andino, para encender la chamiza o pira que se coloca en el costado de un estadio, donde se soltará al toro de los cuernos de fuego.

Ramírez explicó que el rito del “Novillo bomba, es una fiesta española”, que se celebra aún en pueblos de las comunidades de Valencia, Aragón, Cataluña, Baleares y Andalucía.

En tierras hispanas el festejo toma el nombre de “Toro embolado”, “Toro de fuego” o “Toro de ronda”, bajo el mismo principio de cubrir los cuernos del toro con una protección y una estopa a la que se le prende fuego para que ilumine.

Ramírez comentó que en el caso del festejo de Mira, los vecinos suben con sus caballos al páramo para conducir a un toro previamente escogido hasta el pueblo, junto a “un madrino, un buey manso” que le acompaña también en su regreso a la montaña.

Al toro, ya en el pueblo, “le ponen unos cuernos postizos y sobre esos unas bombas” o envoltorios de cebo, cera y pabilo, todo sujetado con una jáquima o cordel de alambre, relató la historiadora.

Por eso -dijo- sus cuernos se prenden e iluminan, mientras el toro da vueltas por el estadio, en cuyo costado se prende la chamiza que también alumbra la noche.

En el pasado, algunos paisanos lidiaban al novillo con sus ponchos y se tenía la creencia que al ruedo sólo iban los jóvenes enamorados y los forasteros para que las mujeres del pueblo los puedan divisar, relató Ramírez.