Cárcel de Ibarra : Merino dice que Arotingo quería liquidarlo

Ibarra. Marcelo Merino, exdirector del Centro de Rehabilitación Social de Ibarra, CRS-I, dialogó en exclusiva con Diario EL NORTE y detalló qué sucedió el día en que fue detenido y cómo se enteró de que, presuntamente, sería blanco de un posible intento de sicariato.

Según un PPL, esa intencionalidad sería mentalizado por la exdirectora del centro, Margarita Arotingo.

El joven mencionó que descubrió varias cosas en el centro carcelario, “las cuáles yo intentaba erradicar”.

¿Por qué motivo fue detenido? Fue un sinfín de circunstancias. El verbo rector de este tipo penal es que ingresaron artículos prohibidos, y yo jamás autoricé ni ingresé, porque siempre era el primero en llegar al CRS-I. Llegaba a las 08:00 por la puerta principal, sin objetos, ni maletas y abría la puerta de mi oficina, siempre estaba presente la Policía Nacional.

¿Cómo se enteró de que podría ser víctima de sicariato? Un PPL me comentó que tenía conversaciones directas con la exdirectora Margarita Arotingo por medio de Whatsapp, en el que ella le solicitaba que me liquidaran a mi, a mi padre, a Gustavo Larrea y a una concejala de Otavalo.

¿Pudo verificar eso? Yo pude leer las conversaciones a través del asistente de la abogada del PPL.

¿Qué pudo leer en el chat? La doctora Arotingo estaba molesta porque le habían cesado de sus funciones. Ella se autodenominaba como una persona honesta que había hecho su trabajo de manera excepcional y que no estaba de acuerdo con que entre gente corrupta. Era una conversación en la que existía confianza, porque utilizaban adjetivos y calificativos.

¿Cómo se sintió al enterarse de esto y luego de que el PPL le propuso ingerir licor en su oficina? Me propuso un acuerdo de paz, porque tenía miedo que al poner una denuncia también inicie una acción penal en contra de él.

El acuerdo era que le permita beber con sus abogados y ellos me daban la información para continuar con el proceso legal. Me vi atado de manos y cedí… ese fue mi error.

¿Por qué no comunicó el hecho a las autoridades? Una cosa es que uno ponga una denuncia pública, en donde el sistema judicial le brinde seguridad y otra es el alcance que tiene el PPL, que está preso por narcotráfico. Son personas con recursos que pueden hacer daño si quisieran. Me sentí intimidado.

¿Usted ingirió licor en su oficina? Yo no tomé nada con ellos, a mi me marcó 0,44 la prueba de alcoholmia porque luego de poner la denuncia fui a comer en un restaurante, junto con la abogada y el asistente, y tomamos una jarra de sangría.

¿Qué actitud tomaron los guías el día de su detención? El jefe o J1 tenía la obligación de poner en conocimiento de la Policía de inmediato, pero no lo hizo. Dio aviso 2 o 3 horas después. Minutos antes de que llegue la Policía me llevaron a la garita de los guías, ellos estaban molestos, me dieron a entender que lo hacían por maldad y no por realizar un procedimiento correcto. Me dijeron: “usted pudo haber tomado con cualquier PPL, incluyéndonos a nosotros, menos con los señores, porque ellos nos hacen daño”.

¿Qué descubrió en la cárcel? En los centros de rehabilitación social existen pequeñas mafias conformadas no sólo por los PPL, sino por los guías y, lógicamente, mi intención fue erradicar ese problema de raíz. Con la Dirección General de Inteligencia, DGI, pudimos recabar información y procesar a una persona que estaba inmersa en estas pequeñas mafias, tenía conocimiento cuál era el modus operandi de quienes ingresaban droga, celulares y licores.

¿Cómo era su actitud con los internos? De la misma boca de los PPL supe que la exdirectora jamás les recibió en su oficina, nisiquiera pasaba de la sección intermedia o al patio, y tampoco recibía a familiares como yo lo hacía. Siempre ingresé al patio, conversaba con ellos en los pabellones, mi apoyo fue incondicional.

¿Qué puede decir del hacinamiento en el lugar? Es una de las tres cárceles a nivel nacional que supera por mucho el porcentaje base de PPL que debería tener. Habían 730 personas y el lugar podía albergar máximo a 300.

¿Cómo era la alimentación? Este es un problema a nivel nacional porque la subscripción del contrato se hizo con la anterior administración. Los PPL se quejaban porque no recibían la cantidad que ellos creían correcta, pero nosotros nos regíamos a los términos del contrato. El Estado proporciona una cantidad de 2,50 dólares por PPL y no se puede pensar que con ese rubro se puedan alimentar como una persona que está afuera del centro.

¿La comida era deficiente? Yo me tomaba la molestia de ingresar a la cocina y revisar cuál era el menú, inclusive probaba la comida para descartar posibles infecciones, porque de eso también habían rumores. El inconveniente muchas veces era la falta de aseo de las vajillas. Ingerían los alimentos recalentados.