Capacidad de indignarse

Los 10 años de una década engañosa han ido creando en el país una siembra de duda permanente. Incertidumbre sobre si algún día cesará la cadena de escándalos que la corrupción sembró en el país. Siembra que, casi semana a semana, explota para sacudir la ingenuidad de una comunidad acostumbrada a creer en los seudo mesías que le ofrecen redención a cambio de un voto.

Pero ante esta casi tragedia que golpea implacable, con una deuda impagable, falta de empleo, amenaza de una crisis recesiva todavía peor de la que viven los que no usufructuaron de la corrupción del poder, hay posturas incomprensibles. Aquellas que hacen dudar de la capacidad de análisis, de la visión crítica, de cuantos, pese a las evidencias, defienden obcecadamente a los grandes responsables de la situación actual. Pero también existe otra postura, aceptada, tolerada, pero inexplicable en una comunidad que valora la honestidad y la justicia: la incapacidad de indignarse frente a una corrupción galopante, que llena todos los espacios de la administración. Indiferencia y desinterés frente a la impunidad y la aparente pasividad de los actores judiciales para desterrarla. Es el desencanto y la trágica aceptación de que es imposible recuperar lo robado “porque lo comido y lo bailado bien comido y bailado está…”!

Es hora que el país recupere su capacidad de indignación. Solo con esta tendrá fortaleza para exigir sanción ya, ahora, para los corruptos y frenar la impunidad.