Campañas

¿Cuánto cuesta una campaña electoral y cómo se financia? De dónde salen los recursos, en algunos casos impresionantes, para llevar a un candidato a una dignidad seccional? Quiénes están detrás de determinadas candidaturas dispuestos a entregar generosos aportes, supuestamente a cambio de nada? Estas y otras son preguntas indispensables en todo proceso electoral para garantizar la indispensable transparencia y asegurar un proceso democrático. Si bien el Código de la Democracia norma y regula el proceso electoral, buscando una cierta equidad en la promoción entre todos los postulantes, esto, en la práctica, no se cumple. El elector fácilmente descubre, cómo algunos candidatos y movimientos, muestran un despliegue impresionante de medios publicitarios, mientras otros apenas si logran burlar un virtual anonimato. Parecería que algunos personajes consideran los gastos de campaña como una inversión. Como tal se supone que esperan una renta o una utilidad. Pero el servicio público no es, no puede ser una inversión que produzca rentabilidad. Pensar que sí lo es, es sentar, por principio, el inicio de un comportamiento que favorece la corrupción. Los candidatos deben acatar las normas del Código de la Democracia. Las autoridades electorales, controlar estrictamente el gasto no publicitario en el que incurren los sujetos políticos y los movimientos que los auspician. Exigir transparencia. Precisar el nombre de aportantes y la cantidad aportada. Difícil tarea, pero indispensable.