Buscan crear una ‘fuerza titiritera’ ante la crisis por la pandemia

IBARRA.- Con la esperanza de que las risas del público puedan volver a ser escuchadas por sus oídos y que las manos vuelvan a vestir coloridos trajes y a través de ellas contar una historia, así es como los titiriteros viven la celebración de su día, que se recuerda este 21 de marzo.

“El títere tiene una particularidad que es una confrontación directa con el público y es ahí en donde la pandemia nos ha golpeado”, comenta a EL NORTE Paúl López, quien comanda el colectivo ‘El ojo del Jaguar’, ya que por las restricciones propias de la coyuntura por la emergencia sanitaria del COVID-19 no han podido volver a hacer grandes espectáculos con gente como a los que estaban acostumbrados.

Él junto a algunos de sus colegas se dedican a la actividad cultural en Ibarra y otras ciudades de la provincia. Sin embargo, en la localidad no existe un registro oficial de cuántas personas utilizan al títere como un instrumento no solo de diversión, sino también de trabajo.

“En Ibarra todavía el movimiento es pequeño y no ha habido la posibilidad de congregarse y construir propuestas escénicas”, asegura. Sin embargo, la intención es que poco a poco esa realidad vaya cambiando e ir formando asociaciones en la ciudad para que quienes se dedican al arte puedan juntarse y luchar por su actividad.

Es por ello que López participa este fin de semana del encuentro nacional con otros titiriteros del país que se desarrolla en Quito en el centro cultural Casa Kingman y que es organizado por el Movimiento Titiritero del Ecuador (Mote), fundado por Gio Valdivieso.

Allí se podrán crear redes de contactos y se buscará la forma unirse para representar a los imbabureños, tal y como existe en otras provincias del país. “Yo desearía que suceda y que haya un movimiento que aunque sea imperceptible exista”, acota López.

La pandemia de COVID-19 no solamente dejó sin el aplauso de la gente a los artistas, sino que también sacó a la luz la precariedad laboral a la que muchos de ellos se enfrentan, comenta Marián Murillo, otra titiritera de Imbabura, quien ha realizado eventos en Ibarra a pesar de que su taller se encuentra en Cotacachi.

Según ella, quienes se dedican al títere viven una segunda pandemia, que no está enmarcada en la emergencia sanitaria, sino económica porque si bien el público les ayuda a expresar sus ideas son también un aporte para tener un sustento de dinero y mantenerse.