Buscan erradicar la indigencia y la adicción de Ibarra

Ibarra. Durante más de 20 años Linda Espinoza y Rafael Prócel recorrieron las calles de Ibarra y conocieron el mundo de la delincuencia y el uso indiscriminado de droga. Juntos pasaron por necesidades e indigencia, hacían todo lo que estaba a su alcance para tener dinero y poder drogarse, sin embargo un viaje a Italia de Rafael, les cambio la vida a los dos.

Ahora juntos sueñan con erradicar la mendicidad y el consumo de drogas en Ibarra, y para ello trabajan diariamente junto a sus hijos y colaboradores, intentando sacar de la mala vida a muchas personas.

El hombre de 51 años cuenta que desde los 14 años estuvo inmerso en adicciones y aprendió el camino de las drogas junto con el ‘Loco Zámer’ y su hermano Santiago, también recuerda a Germán Mena, que aún está en la calle, junto a otras personas de su época.

Historia. “Viví 25 años en adicciones y estuve en la cárcel en muchas ocasiones, nadie me pudo cambiar, ni mis padres ni los hijos que tuve en ese tiempo. Tengo que testimoniar que el único poder que pudo cambiar mi vida fue el de Dios. Estuve en Italia gracias a mi hermana, que rompió toda la lógica posible, ya que ella siempre creyó que un drogadicto podía cambiar”, dijo Rafael.

Contó que viajar a Europa no sólo cambió su vida, sino también la de su hermano. “A mi hermana no le importó nuestra carga, mi hermano fue primero y él se drogaba allá y yo seguía dando malestar acá. Ella rompió todo paradigma y Dios me cambió la vida, luego de dos años de seguirme drogando, y cambie completamente y desde el primer día, Dios puso mi corazón para ayudar a los adictos”, recuerda Rafael.

El hombre cuenta que a su esposa Linda la conoció mientras eran adicto y vivieron mucho tiempo juntos en la calle, en la indigencia, en la cárcel y por medio de Dios, ella también pudo cambiar. “Estuve preso en Ibarra, Quito y otras ciudades, mi vida fue bastante conflictiva. He visto en mi esposa un corazón muy dispuesto, es mi apoyo idóneo y juntos trabajamos para esto, nuestros colaboradores son personas muy importantes para nosotros. Nuestros hijos cuando escuchan algo de nuestro pasado, nos ven con admiración y sienten orgullo de saber que sus padres cambiaron”, dijo el hombre mientras servía un plato de comida a personas que han perdido todo en el mundo del alcoholismo y la drogadicción.

Su fiel compañera. Linda Espinoza tiene 48 años y es madre de cinco hijos, los tres menores los procreó en medio de las adicciones con Rafael.

Ella cuenta que nació en un hogar muy creyente y correcto, pero a los 18 años se fue de la casa, cansada del control de su madre.

Linda asegura que todo empezó un día cuando sus compañeras del colegio le iban a festejar su cumpleaños. “Yo no regresé más a la casa y desde ahí comencé mi vida en la calle” dijo.

Contó que conoció a una persona que le ayudó con la estadía en un cuarto, pero esta él consumía marihuana y cuando llegó ahí, ella también lo hizo.

“Para sustentar mis gastos y mi vicio comencé a robar, luego consumía polvo, después pegante y, finalmente, me lancé a la calle porque no tenía que comer. Llegué a traficar, estuve en la cárcel muchas veces, hice daño a mucha gente, pero un día mi esposo llegó de Italia y me dijo que sino cambio, Dios va a hablar conmigo”, cuenta con nostalgia.

Recuerda que a todos sus hijos los tuvo en medio de la drogadicción, ya que consumió sustancias hasta el último día de sus embarazos. “Todos mis hijos son muy educados y tranquilos, no conocen de vicios y esa es la gracia que Dios nos ha dado. Yo no sabía que habían clínicas, yo pensé que me iba a morir así. Satanás nos roba la voluntad, he ido a rescatar chicas y ellas no se mueven, ni hablan, porque no pueden y ahí es cuando yo me acerco, les doy leche y comienza su tratamiento”, finalizó.

Linda Espinoza y Rafael Prócel procrearon dos hijos que ahora trabajan por los más necesitados.
Su trabajo es acercarse a adictos e indigentes para brindarles ayuda, que muchos de ellos aceptan y han cambiado sus vidas.
Linda (izquierda) y Rafael (centro) junto a sus hijos en la última jornada en donde compartieron con los más necesitados.