Buenos días, por favor y gracias

El valor de enseñar a los hijos a decir buenos días, por favor y gracias, es una costumbre que jamás debería pasar de moda y tampoco es una tarea asignada a los profesores en las escuelas, es netamente de los padres en el hogar, o de las personas asignadas a las tareas de cuidar a los más pequeños de la casa. El valor del respeto es la base en el desenvolvimiento del individuo en el nivel social y personal. Incluso dicen los psicólogos que estas sencillas palabras, son vitales y positivas, ya que secretan una sustancia química llamada serotonina, la hormona de la felicidad. Sin embargo, en la actualidad, por ejemplo, es común llegar a un lugar y exclamar ¡buenos días! y que nadie conteste, se ha perdido el valor de la cortesía, al igual que un chiquillo cuando pide las cosas sin decir por favor y menos gracias. Estas “palabras mágicas”, que además de beneficiar en el desarrollo socio-emocional, ayudan a mejorar las relaciones con los demás, a mantener una empatía con las personas de los entornos más inmediatos, además que suelen ser contagiosas y vienen cargadas de emociones. Decir buenos días, por favor, gracias, es un gesto de generosidad y dice mucho de la educación que nos han inculcado nuestros padres.

Tratar con respeto a las personas que nos rodean, ser atentos, amables, dice mucho de nuestra grandeza y generosidad.