Buda y las falsas dádivas

Cierto día Buda arribó a un pueblo donde la gente lo odiaba. Era un pueblo que seguía al pie de la letra la tradición religiosa y el Buda enseñaba, que la religión no depende de Dios alguno, de oración, ni de templo.

Buda solo abría la consciencia y cultivaba la espiritualidad al margen de dogmas y creencias. La gente salió a recibirlo con todo tipo de insultos e improperios. Una gran multitud se reunió para insultarlo, pero el Buda con la paz que lo caracterizaba, solo les devolvió sus bendiciones y agradecimientos. Entonces, alguien le gritó: ¡De qué agradeces! ¡cobarde! ¡impío! ¡Sacrílego! Buda, entonces, les contó: “Hace un par de días, visité un pueblo en donde la gente me amaba, me recibieron con todo tipo de ofrendas y ceremonias, pero les expliqué que yo no puedo cargar con tanto, me habían obsequiado tantos dulces y alimentos, que yo, ni mis discípulos podríamos con tanta generosidad, así que regalé todo en el camino. Veo que ustedes hoy han llegado con otro tipo de ofrendas, les agradezco, pero no puedo aceptarlas, se las devuelvo: pero ojala que tanta ira les hay servido para descargase, como yo lo hice con dulces y alimentos, porque si llegan a casa con ese tipo de dádivas arruinarán su vida y la de los seres que más quieren. “Los halagos, cual palabras vacías y dulces lisonjas, ahogan en un piscina de miel; los insultos ensucian y arden, cual basura hecha cenizas por el fuego. Me voy limpio, pero ¡por favor! Ustedes vuelvan con esa misma limpieza a sus casas. Si mi presencia ha servido para que se limpien ¡bendita sea! Toda experiencia, aún la mala, es bendita, cuando se trata de limpiar el espíritu de un ser. 

 Nelson Villacís
nelsonvillacis@hotmail.com