Brasil y su modelo de gasto público

carlos-davilaSe afirma que Dilma Rousseff, la presidenta de Brasil, es una de las tres mujeres más  influyentes del mundo. Las otras dos serían la canciller alemana Angela Merkel y la presidenta de la FED, Janet Yellen. Yo añadiría como una cuarta persona en este selecto club a la directora gerente  del Fondo Monetario Internacional,  Christine Legarde.
Dilma, la heredera de Lula en la presidencia del coloso sudamericano, está enfrentando una escalada de descontento popular en momentos muy inoportunos.

Está de anfitriona de los  más fastuosos eventos deportivos de mundo. Debe salir con éxito del Mundial de Fútbol 2014 y a renglón seguido organizar los Juegos Olímpicos de 2016.  Y   en el plano político interno está en juego su reelección presidencial.  Encuestas recientes muestran que la popularidad de Rousseff se ha desplomado del 43% al 36%. Y si bien por el momento los precandidatos  opositores cuentan con menores porcentajes de aceptación, no tiene el triunfo asegurado.
Brasil es país de contrastes, de dictaduras largas y tormentosas, y de gobiernos democráticos exitosos. Su economía ha pasado por los sobresaltos más grandes que pueden suceder: las temidas hiperinflaciones.
Ahora enfrenta un adversario diferente, un fantasma desconocido pero peligroso. Es el fenómeno de la estanflación.  Este término acuñado por el célebre economista Paul Samuelson, consiste en la convivencia de dos condiciones que en economía eran excluyentes: estancamiento e inflación. Es decir baja demanda, escasa inversión, desempleo y precios al alza.  Un cóctel letal.
El gatillo que desató la ola de protestas fue el alza de pasajes del transporte público decretado hace  meses (que Dilma reversó enseguida),  y el dispendio en construcción y restauración de escenarios deportivos, sumadas las denuncias de corrupción en su contratación.  Pero, la  verdadera causa  es la disminución del gasto público que ha frenado el consumo popular. El brasilero añora la bonanza  de la época de Lula y su modelo de gasto,  ahora  insostenible.

 

Carlos Dávila Holguín
econdavila51@hotmail.com