Brasil: ¿Potencia o líder?

Brasil se afianzó como potencia económica y fuerza política mundial desde la apertura que propició el ex presidente Fernando Henrique Cardoso y el juicio político que destronó a su colega Fernando Collor de Melo, cuando se demostró que la democracia iba en serio. Desde la anterior administración de Inacio Lula da Silva, sin embargo, la intención del país, como en el fútbol, es convertirse en un jugador de peso en el contexto internacional.

De ahí que insista en ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, participar en todos los grupos de gobiernos desarrollados e influir en cada conflicto regional. Por su bien manejada economía, traducida en una drástica caída de la pobreza y la extensión de la clase media, así como por su capacidad energética, Brasil es y será potencia económica. Pero esas fortalezas, ¿lo convierten en el país líder al que todos quisieran imitar? La ecuación no es simple. El buen liderazgo trae consigo responsabilidades y Brasil todavía no termina de asumirlas. China vale como ejemplo. Acaba de desplazar a Japón como la segunda fuerza económica del planeta, pero por sus sistemáticas violaciones a los derechos humanos está muy lejos de ser el país ideal. El desafío más acuciante para Brasil sigue siendo la corrupción, ubicado en el puesto 73 de 180 países del Índice de Percepción de la Corrupción según Transparencia Internacional. Un paso al frente fue la renuncia esta semana por enriquecimiento ilícito de Antonio Palocci, el ministro y hombre más fuerte del gobierno de Dilma Rousseff. Sus vicios no son nuevos, se remontan a la época en que debió dejar la cartera de Economía en la presidencia de Lula o luego como diputado federal, cuando su fortuna se multiplicó por 20. Para liderar, más allá de ser potencia económica, la presidenta Rousseff necesitará combatir esos males con la misma determinación que ha enfocado su lucha contra la pobreza con “Brasil sin miseria”. Un programa que invertirá 12 mil millones de dólares, hasta el 2014, para derrotar la situación paupérrima de 16 millones de personas que sobreviven con menos de 43 dólares al mes, en un país donde un 1% de la población controla el 46% de las tierras cultivables.
 

 Ricardo Trotti
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