Boca vs. River: océano de por medio

Al finalizar el partido entre River Plate y Boca Juniors, el presidente del flamante campeón, Rodolfo D’Onofrio, se acercó a Benedetto, delantero del perdedor, y le dirigió una pregunta: “¿Puedo felicitarte? Hiciste un golazo”. Tras lo cual estrecharon manos y se fue cada uno por su lado. Buen gesto. Antes -en la cancha, durante el primer tiempo-, cuando Benedetto recibió un pase preciso y anotó con elegancia ganándole la finta al arquero, el atacante de Boca dirigió una mirada con fea mueca al defensor millonario que lo patrullaba. Grabada quedó la imagen en las retinas de los televidentes. Mal gesto.

Los hinchas argentinos se privaron de ver el enfrentamiento de sus ídolos en tierra propia. Por culpa de “quince inadaptados”, dijeron. No es tanto así. Argentina está polarizada, desencantada y dividida. Ha sido manipulada y esquilmada por el populismo peronista durante décadas. Clanes de violentos integran los sindicatos, los gremios, las hinchadas. Desfogan sus frustraciones en los graderíos de los estadios, en calles y plazas. Es una sociedad que necesita reencontrase.

¡Tener que blindar una ciudad, a modo de campo de batalla, cuando hay un partido importante! ¡Tener que jugar una finalísima al otro lado del Atlántico porque en sus propios lares se matan!

Ganó River, perdió Boca. Seis millones para el ganador, tres para el perdedor. Ganó el Mundo, perdió el fútbol argentino.