Bemoles, bemoles…

En la música, el bemol cumple la función de alterar la nota, nos indica que debe haber una entonación más baja que la del sonido natural de la nota musical, esta variación resulta interesante combinada con  los sostenidos que por el contrario suben  la nota, y así es como se van elaborando las más bellas armonías; con altos, bajos y mantenimientos. En la política  solemos utilizar el término “bemol” para referir algunas complicaciones, bajones o puntos negativos de los “ilustrados” conductores de la patria, he aquí algunos de ellos, dignos de la partitura de la revolución ciudadana. Según los datos establecidos por el censo nos enfrentamos a una realidad económica en donde la informalidad ha crecido, más aún cuando en la Asamblea se aprueba la ley que ampara el trabajo informal, ahora tendremos miles de ciudadanos tratando de sobrevivir el día a día vendiendo cualquier cosa en calles, plazas y parques, porque la realidad es que en estos cuatro años y medio la economía no ha crecido en producción ni productividad y por tanto no se han generado fuentes de trabajo formal,  no se ha puesto valor agregado a nada. Nuestro querido Ecuador es un país donde

se comercializa al por mayor y  menor todo cuanto nos viene de afuera, en especial de la China, es el más grande escaparate donde se exhiben “chucherías”; se genera entonces una ficción o mentira de que el país tiene crecimiento económico porque estamos llenos de almacenes donde entran y salen los compradores del siglo XXI, (empleados públicos y beneficiarios  de las remesas del exterior) claro, si son ahora 49 ministerios los que cobijan a una burocracia creciente concentrada en la ciudad de Quito y con todas sus franquicias en provincias. Otro gran bemol es lo que se ha logrado en todo este tiempo de revolución con el sistema empresarial; de nada ha servido el discurso de la diversificación económica, pues  la realidad es que los monopolios han crecido, se han fortalecido y los empresarios “bien gracias” con las políticas revolucionarias, mientras el campo o la ruralidad se desarraiga, se abandona, se empobrece más, y sus pobladores avanzan a los cinturones de miseria de las grandes ciudades  a vivir de la informalidad; ¿dónde está la revolución agraria, el retorno al agro, la industrialización de la agricultura?. De la inseguridad ni  hablemos, pues es la expresión  de que lo económico falla, lo educativo falla,  la organización social y familiar falla. 

Myriam Valdivieso C.
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