En el barrio San Ubaldo tienen “una montaña” de preocupaciones

IBARRA.- El barrio tiene el nombre de un santo, pero sus vecinos no se encomiendan a él, sino a las autoridades de turno.
San Ubaldo es un pequeño sector que pertenece al barrio Huertos Familiares y en cuyo inicio fue concebido como una ciudadela exclusiva para personas con discapacidad.

La ciudadela tiene una sola calle de ingreso, de hecho es la única vía pues el vecindario está compuesto por no más de 15 casas y al fondo sobresale una montaña gigante de material pétreo, que pertenece a una cantera del Municipio y que representa un temor en los moradores, especialmente en época de lluvias.

Manuel Segovia es uno de los fundadores de esta ciudadela. Él junto con Vinicio Sánchez gestionaron en la Municipalidad, hace 18 años, la donación de los terrenos, en lo que antiguamente se conocía como El Churo, en la parroquia El Sagrario.

El proyecto comenzó con la entrega de cuatro lotes (2013) y la misión Manuela Espejo les construyó las viviendas.

En los últimos cinco años, al menos unas quince familias cumplieron su sueño de tener una casa donde vivir, sin embargo, esto no es suficiente. Ahora sienten que fueron abandonados. Su principal preocupación es una montaña enorme de piedras que se levanta amenazante. A pocos pasos está la vivienda de Inés García. “Dios no quiera un derrumbe y desaparecemos todos”, dice la vecina.

A este problema “gigante” se suma otro no menos preocupante. Junto al barrio está ubicado la cárcel de menores y en algunas oportunidades se han intentado fugar del lugar por lo que ha sido necesario la presencia de la Policía.

René Simbaña y Digna Güel viven 9 años en la ciudadela. Ellos, en cambio, piden iluminación para el fondo de la calle y la adecuación de un espacio verde en un terreno abandonado. Este es usado como botadero de escombros, basura y ropa vieja.

Muy cerca a San Ubaldo está una área de juegos infantiles, que pertenece a otro sector y están poniendo un cerramiento. Andrés García y Manuel Segovia sienten preocupación de que una vez concluida la obra no les dejen jugar a sus niños, ya que es el único espacio cercano y disponible.