Aulestia: Todos estamos preocupados por Tulcán

aulestiaEn Tulcán y en Ibarra y en muchas ciudades ecuatorianas empieza a sentirse con intensidad el efecto depreciación del peso colombiano.
Ipiales (Colombia) se convirtió, de pronto, en el gigantesco supermercado donde ciudadanos de nuestro país acuden a comprar todo, “desde una aguja hasta un camión”, como rezaba alguna vez el lema de un desaparecido almacén nacional.
Pero, como cualquier acción, hay su reacción o su efecto rebote: mientras en la ciudad fronteriza del país del norte los almacenes se llenaron de consumidores (¿en el sentido de consumismo?), los comerciantes y sus almacenes de Tulcán, primero, y luego de Ibarra, empezaron a sentir que cada vez llegaban menos compradores a sus locales.
Y los hoteles y las hosterías y las hostales del norte del país también comenzaron a preocuparse.
Y los vendedores de paso y los restaurantes y todo aquello que implica lo peor que le puede pasar a un comerciante o a empresario: quedarse sin clientes.
Porque los turistas colombianos ya no cruzaban (ya no cruzan) la frontera para venir al Ecuador: la paradoja de una devaluación de la moneda en un país implica que otro país, en este caso el nuestro, anclado al dólar y, por tanto, imposibilitado de tomar otras medidas económicas para protegerse, sufra las consecuencias.
¿Un dato? Cada fin de semana se calcula ventas por 500 mil dólares en Ipiales. Quinientos mil dólares que se quedan allá y, en consecuencia, ya no están acá.
Y el impacto no se detiene: la semana pasada muchos grandes y pequeños contrabandistas se alegraron porque el peso atravesó la barrera de las tres mil unidades por dólar.
Por eso hemos venido donde el ministro de Comercio Exterior, Diego Aulestia, quien no es el vocero central del problema pero, como funcionario y como ecuatoriano, intenta comprender y buscar alternativas para la crisis económica que se vive en la región norte del país.

“BUSCAMOS SOLUCIONES”
Conversamos con él en una amplia sala de reuniones del séptimo piso del edificio donde funciona el Ministerio de Comercio Exterior este viernes 21, más o menos desde las 16:00 y las 18:00.
Diego Aulestia, un joven economista, es la máxima autoridad de esta secretaría de Estado. Él niega, de frente, las insinuaciones de autoridades provinciales en el sentido de que el Gobierno no está haciendo nada o está haciendo poco (que casi es lo mismo). Así lo ha dicho, por ejemplo, Guillermo Herrera, prefecto de Carchi, quien se negó a asistir a un gabinete ampliado presidido por el jefe de Estado, Rafael Correa, en Pimampiro (norte de Imbabura, a una hora y media de Tulcán), el pasado viernes 14 de este mes.
¿El Gobierno está buscando soluciones? ¿Entiende lo que está ocurriendo en Tulcán? ¿Está midiendo la gravedad de la crisis comercial y económica en la ciudad fronteriza?
Aulestia, delgado, alto, con lentes de marcos gruesos, con indiscutible pinta de académico y estudioso de la realidad nacional, explica que la reciente declaración gubernamental de “zona deprimida” a Tulcán fue el primer paso para que el Régimen haya tomado una serie de medidas que compensarán el duro golpe que está sufriendo Tulcán.
Entre esas medidas están las que el presidente Correa, según enfatiza Aulestia, ha dispuesto para se pongan en marcha de inmediato, como por ejemplo un acceso preferencial a las compras públicas y a la contratación de servicios públicos, líneas de crédito específicas y especiales de BanEcuador, apoyo a niveles tributarios, anticipo al impuesto a la renta, exoneración a la salida de divisas, fortalecimiento del control aduanero, entre otras, “claramente existe una decisión gubernamental a favor de la población, a favor del cantón”.

ORIGEN Y RESPONSABILIDAD
Aunque podemos tener la percepción de que todos saben cuál es el origen de la crisis que vive Tulcán, Diego Aulestia resalta y recuerda, porque la memoria es frágil y quizás no tengamos claro que el valor del peso colombiano ha llegado a niveles inéditos en relación con el dólar, niveles inéditos en la historia contemporánea del vecino país.
Este punto es clave para comprender el problema: “Las autoridades colombianas tienen la capacidad de decisión soberana para manejar la economía de su país como les parezca adecuado, pero esas medidas tienen un impacto que lo sufren los exportadores ecuatorianos, los turistas colombianos y, sobre todas las cosas, la actividad comercial en Tulcán”.

EL PREFECTO COMO ACTOR
No obstante, precisa el ministro Aulestia, si bien la tarea gubernamental es tomar medidas específicas para favorecer a Tulcán y a la provincia de Carchi, “es importante recordar que según las leyes nacionales y el Código de la Producción, el primer actor y el primer responsable del desarrollo provincial es el prefecto”.
“Entendemos la preocupación que existe en el Carchi y eso ha implicado que el Gobierno Nacional en pleno haya analizado en profundidad la situación fronteriza, pero no entendemos por qué el prefecto Herrera se negó a asistir al gabinete ampliado si tenía una hora, una hora completa para que pudiéramos escucharlo”.
Pero el ministro Aulestia va más allá: “Habría que ver si el prefecto Herrera está cumpliendo su rol de apoyo a los comerciantes, de crear incubadoras de negocios, de fomentar la producción agrícola, de reconversión de la industria local… Insisto: el Gobierno Provincial tiene esa primera responsabilidad”.
Lejos de estos temas, reflexionamos con el ministro Aulestia sobre una paradoja que parecería poco entendible: el Gobierno eleva la calidad de vida de la clase media y de los pobres en el Ecuador y una parte de esos ciudadanos se vuelven no solo consumidores sino consumistas.
No los podemos culpar por ir a comprar a Ipiales, algunos de manera desaforada y ambiciosa (estas palabras son mías).
Pero queda, en lo profundo, esa percepción de que si bien los ecuatorianos obtienen más productos por sus dólares convertidos en pesos, hay poca conciencia de que una cosa es ir a comprar lo que se necesita y otra es hacerlo porque, simplemente, existe una oportunidad de comprar. Comprar por comprar. Consumir por consumir. Y eso es, aunque el ministro no lo diga pero nosotros sí, poco consciente y poco patriótico.