Atahualpa y pan de leche

myriam valdiviesoAl llegar  a la ciudad de Ibarra somos recibidos por un monumento poco significativo  de la identidad ibarreña,  aquel  de la  sublimación materna  Más allá una gran valla politiquera de amplias y fingidas sonrisas anuncia que la campaña electoral está  en pie, pero  a la vez no refleja nada de la historia ni de la identidad de este pueblo.

Se continúa el recorrido en medio del trajín de  una ciudad a la que mueve el comercio en ciertas zonas;  negocios por doquier, otrora jardines y frentes de casas convertidos en locales comerciales,   para la venta de cualquier cosa que represente sustento  para los hogares.  Es hasta llegar a la avenida  Atahualpa, -para quienes tienen la prolijidad de leer  la nomenclatura de las calles- , que  se relacionan  hechos del pasado con esta localidad, al reconocer varios bustos  ubicados  precisamente en la vía de  acceso a Caranqui, cuna de un ibarreño,  que al ser hijo del inca Huayna Cápac  se le relaciona  más  con el Cuzco  que con Caranqui, su tierra natal.  Resulta inaudito que Atahualpa  en su propia tierra no tenga  un monumento gigante a la entrada de la ciudad  que reivindique su presencia.  Debería crearse una ruta de interpretación histórica sobre este personaje y su linaje, incorporando la huaca, el palacio de su padre y todo aquello que se exhibía en el  museo  arqueológico junto al Templo del Sol, al que pretenden sustituir por canchas deportivas y juegos infantiles. La valoración histórica, testimonial y simbólica de esta  pirámide, réplica en menor escala de lo que está  oculto bajo tierra,  no puede ser borrada  por decisión administrativa, en  pro de una equivocada  concepción de  modernidad y optimización de los espacios públicos. Ninguna autoridad tiene derecho de  borrar el pasado de un pueblo, cuanto más si es la descendencia “Karanqui” la que reclama respeto por su historia, porque luego de la conquista inca y de la resistencia,  se constituyó  un pueblo del que descienden muchos  ibarreños. Es inadmisible y por eso la oposición de muchos ibarreños a este proyecto  que pretende anular  un sitio  emblemático y de rigor histórico,  al destruir lo poco que queda  en una localidad que puede potenciarse ante el mundo.

Myriam Valdivieso Cox
mival63@yahoo.com