Assange y sus verdades a medias

Mónica Plaza, en su libro “Wikileaks, la era de los soplones”, dice: “A Assange y sus compañeros, a los cientos de soplones que los ayudan a construir Wikileaks, se los puede acusar de mucho, pero, probablemente, no de cobardes”. Sí, se requiere mucho valor para denunciar, por ejemplo, la masacre de Granai, Afganistán, donde el ejército invasor de Estados Unidos asesinó a 140 personas, 93 de las cuales eran niños.

Julian Assange, fundador de Wikileaks, tiene en su poder abundante información obtenida mediante el hackeo, o sea, el ingreso sin permiso a redes informáticas ajenas. Esa información se ha constituido para él en su seguro de vida.

En su libro, Plaza cita un cable enviado por la embajadora de Estados Unidos, que da cuenta de que Rafael Correa nombró como jefe de la policía a alguien que no tenía los mejores antecedentes, para poder manipularlo. Eso desató la ira y el miedo de Correa. Pudo más el miedo a que sigan saliendo cosas que podrían delatarlo como el falso revolucionario que siempre fue, y a la menor oportunidad que tuvo le concedió el asilo a Assange, con eso lo mantuvo callado durante el resto de su mandato. En lo que respecta al Ecuador, Assange solo ha publicado lo que le ha convenido; y ahora que ha sido desalojado de nuestra Embajada en Londres, hará lo mismo: solo publicará lo que le conviene, en agradecimiento a Rafael Correa, y para perjudicar a Lenín Moreno.