Así nomás

nelson villacisDe pronto uno se mira al espejo y no alcanza a reconocerse. Hay un algo que contamina la mente con un barro sepulcral. Uno se pregunta al verse viejo, hacia dónde migró esa piel lozana, si tras la bicicleta de los años, el viento ha salpicado un poco de nieve, sobre la madeja de nuestros cabellos y cual mágico tapete, los ha cubierto de unas cuantas canas. Así la vida, con agujeta bondadosa, doblada de una sola punta, teje nuestro destino hacia el inevitable ovillo de la muerte.

¿Acaso Dios es un Rastafari, un tejedor artesanal que elabora pulseras de arrugas en nuestra piel?  ¿Será que, con punto de cruz, el tejido cual falso profeta, nos hace perder la fe? Uno tropieza y se cuestiona ¿Quién soy?  ¿El reo de un nombre o el vasallo de un cuerpo? Cuando una persona, obedece a esa absurda manía de hacerse devoto de lo efímero, es cuando se extravía de sí mismo. Llevamos un nombre colgado como un rosario y lo pulimos hasta que nos aprieta el pescuezo y nos ahorca en un abismo rutinario.  Ese fatuo espejismo del cuerpo y la pagana idolatría de identificarnos con un nombre, nos absorbe en una sociedad onerosa de tabúes y prejuicios, en un tótem circunstancial, en donde la centrípeda niebla en nuestros ojos, derrama sus engaños en lo más auténtico de nuestro propio ser. ¿Cómo sodomizar la existencia con maquillajes foráneos? Si te quitan el nombre ¿Quién queda? ¡Nadie.. A lo mejor.. No sé… Quién sabe! Si te quitan el cuerpo y el nombre, por fin queda lo más auténtico de tu ser, mas no la conjetura arbitraria, ni la inverosímil arrogancia de lo imaginario. Si te quitan el nombre ¿Dejarías de ser tú? Si enfermas, envejeces o pierdes una mano o un pie ¿Dejarías de ser tú? Nunca des tanta importancia a una pregunta, pon mayor atención a la respuesta que te muestra la existencia. En tanto la vida nos responde, no se trata de embaucarse en acertijos de pensamientos y argumentos. ¡Por favor! Por favor, desviste a la honestidad, porque no hay verdades acabadas, pero eso sí, te lo puedo asegurar, de que hay mentiras evidentes. 

 

Nelson Villacís
nelsonvillacis@hotmail.com