Arte y sentido del periodismo

Tomo prestado el título de un libro que con el mismo nombre publicara, tiempo atrás, Edmond D. Coblentz y que recoge el sentimiento, casi la filosofía de vida que anima a muchos periodistas. Lo hago, porque periodistasy buena parte del pueblo ecuatoriano han vivido de cerca el drama que soportó el equipo periodístico del diario El Comercio. Tragedia que muchos la hicieron suya, porque ese desenlace brutal y absurdo, el asesinato de Javier, Paúl y Efraín, resulta paradójico frente a esa filosofía vital que animaba a los tres. Para ellos, un “pueblo informado es un pueblo libre”, y desde ese axioma, el equipo tenía que cumplir esa tarea informativa que los eventos acaecidos en la zona norte exigían. Debían cumplir ese lema que según Adolph S. Ochs define a la profesión: “Hágase la luz”. Su papel y bajo las circunstancias que impedían conocer qué mismo sucedía en la frontera norte, era el de hacer aparente una desconocida o, quién sabe, oculta realidad. Coblentz recogió el pensamiento de un editor: “para un pueblo amante de la libertad, lo que más cuenta es el alma de un diario”. Pero ¿qué define esa alma? ¿Cómo lo asimilan los periodistas? Lo dice: “mentalidad… talento para cumplir funciones y obligaciones. Corazón… concepción del honor y cumplimiento del deber… lo que implica ética periodística. Alma, la férrea determinación de informar al público…”. Colegas, amigos, periodistas, han dejado entrever lo que eran Paúl, Javier y Efraín…