Aquel vínculo especial con una hermana

Ibarra. Nuestras hermanas tienen un gran impacto en nuestras vidas, junto a ellas crecemos y pasamos nuestra infancia. Sin dudas, son una parte fundamental en nuestra vida y sin ellas, probablemente todo hubiera sido distinto.

Unidad. Cuando la relación es buena, una hermana se puede convertir en tu mejor amiga; una con la que intercambias atuendos, para descubrir que después tomó algo que no recordabas que tenías y que resulta ser tu accesorio favorito que no quieres ver en ella.

Las hermanas nos aportan seguridad, tienen fe en nuestras habilidades y nos recuerdan cuáles son nuestros defectos, esos que arrastramos desde la infancia y que aún no hemos transformado.

Son también quienes nos aportan los mejores consejos y las más sabias advertencias, esas que no tienen pelos en la lengua y que no brillan por su falsedad o su condescendencia. Quieren lo mejor para nosotros. Y nosotros deseamos contar con ese apoyo siempre, a pesar de que a veces discutamos y nos echemos en cara aspectos del pasado.

Otra faceta. Nuestras hermanas pueden hacer también que asumamos un nuevo papel igual de emocionante: el de tíos y tías. Un momento en que esa red de sentimientos y apoyo se ensancha más aún, descubriéndonos nuevamente.