“Aprendí a ser feliz con lo que Dios me ha puesto al frente”

Ibarra. “El tiempo me ha enseñado que tener una discapacidad no es algo que te debería frenar, más bien te debe impulsar a mostrar diferentes capacidades que tal vez nadie las tenga”, son las palabras de Camila Dávila una joven anteña de 22 años que padece de glaucoma.

Superación. Camila es una joven muy alegre y positiva, ella nació con un problema en sus ojos, mencionó que nadie supo definir este problema hasta sus seis meses de edad y por esto perdió la mayoría de capacidad visual en su niñez.

Su diagnóstico es glaucoma que es relacionado con las cámaras de drenaje que posee el ojo.

“Prácticamente el líquido se mantuvo en mis ojos varios meses sin poder drenarse por la falta de esas cámaras que es lo que genera el glaucoma”.

A los seis meses de nacida tuvo que someterse a su primera operación, a lo largo de su vida ha tenido siete cirugías, la última operación fue hace cuatro años.

Las primeras cirugías se llaman trabeculectomías que se trata de una pequeña incisión en la cámara posterior del ojo en donde se permite el drenaje del líquido y su última se trató de una instalación de una válvula para que el líquido se drene normalmente.

“Ya no he tenido problemas relacionados con esto, pero las consecuencias han sido graves a lo largo de mis primeros 17 años porque he perdido bastante la visión”.

Camila también contó que cuando tenía 4 años luego de una trabeculectomía en su ojo izquierdo perdió la visión ya que una infección en su nervio óptico empezó a afectar a su cerebro.

“Le preguntaron a mi mamá si es que ella permitía que se corte el nervio óptico o moría prácticamente, entonces mi madre decidió desconectar, es decir quitar la visión del ojo izquierdo para poder salvar mi vida”.

El tiempo fue pasando, en la etapa escolar fue una de las mejores estudiantes, en el colegio se educó en instituciones públicas de igual manera obteniendo las más relevantes calificaciones.

Cuando cursaba el quinto curso su salud empezó a desestabilizarse por lo que necesitaba una nueva operación.

La operaron y en el transcurso de su recuperación tenía que dar las pruebas del Senescyt en la cual obtuvo un puntaje de 900, ella rechazó el cupo ya que por su puntaje tenía que viajar a una universidad en Quito.

Su familia no tenía los recursos económicos para costearse un preuniversitario, entonces su doctor le ayudó con el pago.

Se preparó mucho a pesar de la crisis de salud que pasaba en ese tiempo y cuando nuevamente volvió a dar las pruebas su puntaje fue de 975/1000, esto le permitió ingresar al grupo de alto rendimiento nacional. “Mucho gente me había dicho que no puedo, pero cuando vi esa nota me sentí muy orgullosa, luego Dios me permitió ir a Quito a estudiar en una nivelación especial que nos pagó el Gobierno”.

Ha sido varios obstáculos los que ha superado, uno de ellos fue aprender a movilizarse sola sin ayuda de su familia en Quito. Camila aseguró que las cosas entre más difícil son, más aprendizaje se obtiene.

Educación. Postuló a una universidad en Canadá, Estados Unidos y la aceptaron, ya son tres años que estudia fuera del país, Camila estudia Ciencias del Medio Ambiente y ya culminó el segundo nivel.

Aunque cuenta que al principio quería seguir Microbiología lo ha cogido un gran cariño a su actual carrera profesional.

Manifestó que Canadá es un país muy inclusivo y la gente de la universidad la apoya demasiado.

Al momento se encuentra de vacaciones y decidió visitar a su familia y a su novio que han sido un apoyo fundamental. Debe regresar a Canadá en Septiembre hasta entonces aprovechará este tiempo con sus seres queridos.

La joven dijo que la oportunidad de irse a vivir en el extranjero la ha hecho una persona independiente.

“Doy gracias a Dios porque mis hermanos están completamente sanos y porque a la que le tocó vivir muchas cosas ha sido a mí”.