Angustias Sociales

Mientras el tiempo fluye inevitablemente, el carácter transitorio de nuestra condición humana va tomando posiciones, pero la fuerza vivificante de los amaneceres nos invita a renacer y a reinventarnos cada día. Está visto que por muchas miserias humanas que aglutinemos, el itinerario de la esperanza jamás desfallece en nuestros corazones, pues por muy grande que sea la incertidumbre global, siempre hay caminos que nos alientan a seguir luchando y viviendo. Ciertamente, en muchos rincones del mundo es fuerte la angustia social, porque las desigualdades continúan siendo un desafío y las injusticias son una realidad que prosiguen ahí, pero nuestro espíritu más pronto que tarde sentirá la responsabilidad de avanzar en otra dirección, hacia metas más confluentes de luz, a través de ese entrenamiento místico de conciliación y generosa entrega. Sea como fuere, necesitamos abrirnos a la escucha, redescubrirnos interiormente, ilusionarnos para poder transformar esas políticas de cohesión en contextos que nos fraternicen. Nada somos por sí mismo, todos estamos interconectados; y es, este poder colectivo humanitario, el que nos salva o nos destruye. Entonces, no sólo tenemos que hacernos más responsables, también más solidarios para ayudarnos unos a otros. Esta es la cuestión prioritaria, toda existencia individual va a estar determinada por esa influencia humanística, de manera que a un ser humano solo le puede proteger, amparar y acoger, su propio análogo.