Aluvión mortal

Lo sucedido a la media noche y madrugada de ayer en varios sitios de la provincia de Imbabura, a causa del crudo invierno, debe llamarnos poderosamente la atención a todos.

A mandatarios y a mandantes para que las sorpresas negativas y los resultados trágicos no sean pan de cada día. La naturaleza es inclemente cuando se ve afectada, es poderosamente violenta cuando busca dar respuesta a sus agresores e incontrolable ante cualquier intento de solución que desde el sentido humano se quiera poner en práctica.

La muerte de personas inocentes cuando un aluvión provoca el desbordamiento de acequias, como ocurrió en el sector de Tanguarín, es algo que nunca quisieramos que se reproduzca. Fue horrendo mirar el poder del agua y el lodo desbordando todo lo posible e imposible. Los puentes que antes servían de paso para la gente hoy están
desaparecidos o están colapsados. Los adultos mayores recuerdan que una situación similar -aunque esta vez con mayor fuerza- se produjo hace aproximadamente 30 años y eso es “producto de la irresponsabilidad de la misma gente que bota animales, escombros o explotan minas sin medir el peligro que siempre está al acecho de las circunstancias menos pensadas”, dijeron. EL COE debe estar activado constantemente para evitar que este tipo de situaciones lamentables vuelvan a suceder.