Alimento y solidaridad para adultos mayores

altIbarra. “No queremos ser una molestia para nuestros hijos”, dijo Concha María Chaca, de 87 años de edad; ella y su esposo no faltan las tardes al Monasterio de las hermanas Clarisas, donde reciben el almuerzo, de lunes a viernes.


 Testimonios. Concha María ha dejado la tristeza de lado para vivir con alegría, a través de las manualidades que también realiza en el lugar.
“Me siento feliz realizando bolsos de cabuya collares y otras cositas…”, comentó emocionada.
María Delgado afirmó que llegó al comedor Divino Niño, por que vivía en medio de la soledad y la tristeza.
“Gracias a Dios me acogieron”, enfatizó la mujer de 78 años de edad.
Rosalina Bravo tiene 80 años; hace cuatro recibe el alimento en el comedor y actualmente acude al lugar con su hija, Mercedes Lara que perdió a su esposo y a su hija y estaba con una profunda depresión y mucho  dolor.
“Dios les pague”, dijo Mercedes, que no pudo contener el llanto al recordar la pérdida de sus seres queridos.
El comedor Divino Niño encierra 85 historias de adultos mayores que, en medio de la pobreza e indigencia aprendieron a seguir adelante gracias a la ayuda de religiosas que piensan que ellos tienen valor como personas, un valor, que – en ocasiones- ni sus propios familiares reconocen.
Recuperaron las ganas de vivir, aunque eso no les impide olvidar el abandono de los suyos.
En el lugar existen dos casos de indigencia, de personas que viven  en la calle, comentó la trabajadora social, Matilde Palacios.
“Pasan de un lado a otro, sin encontrar estabilidad”, agregó.

 Ayuda. Gracias a la solidaridad de las Clarisas, los ancianos que llegan a su Monasterio, de lunes a viernes a las 12:00, no mendigan en las calles.  
“Cuando empezaron a venir, se los veía tristes, pero luego se reanimaron con el tiempo”, manifestó  la hermana Susana Chiquito, coordinadora del proyecto Mejoramiento de la calidad de vida del adulto mayor Divino Niño.  
El espacio es limitado; el comedor sirve también para realizar las manualidades, bailar, cantar…
La ayuda de las religiosas hacia los más necesitados, empezó en 1992, en Ibarra.

 Proyecto. Hace tres años se une el MIES al proyecto de las hermanas Clarisas, con un presupuesto de USD 30 378, 78 anuales para solventar la alimentación y el pago de un equipo de profesionales; el monto ayuda, pero no es suficiente ante las necesidades.
El Monasterio actualmente está ubicado en Yacucalle.  Al momento, para la capacitación y entretenimiento de los adultos mayores, requieren una televisión, un infocus, implementos de cocina como refrigeradora y batidora.
Muchos de ellos también necesitan camas, pues en los lugares donde viven, duermen en el suelo.  
Al momento están a la espera de la colaboración de la Corporación Nacional de Telecomuniaciones, CNT, que donará 30 pares de zapatos.
“Hemos querido compartir con ellos, acompañarlos espiritualmente y también darles nuestro cariño y el alimento”, comentó la hermana Susana Chico  al consultarle por qué apoyan a los adultos mayores más necesitados.
El Secap apoya al proyecto con capacitaciones.
Matilde Palacios espera poder cumplir un anhelo de las personas de la tercera edad, con la implementación de una panadería, pero los recursos económicos son escasos para lograrlo.
Hasta que Dios les dé fuerzas apoyarán las religiosas a las personas pobres de la tercera edad, quienes en el comedor encontraron, además de alimento,  una razón importante para seguir adelante, con ánimo.