Aldea SOS trabaja por los derechos y por la inserción

Ibarra. Todos los niños, niñas y adolescentes tienen derecho a recibir protección y asistencia para su desarrollo integral, en especial para consolidar su identidad y construir una vida plena y feliz. Tomando en cuenta esto es que en Aldea SOS el compromiso de trabajar por los derechos de los menores es constante.

Tres ejes. Erik Espinoza, Director del programa del las Aldeas Infantiles SOS Imbabura, comenta que la misión y la prioridad es prevenir que niños y adolescentes crezcan separados de sus familias. Para lograrlo existen tres líneas, la primera se trata de prevenir mediante el acompañamiento a comunidades protectores de derechos de los menores, la segunda línea se enfoca en el acompañamiento a familias que pueden estar pasando por dificultades y evitar que esos niños terminen ingresando a instituciones, mientras que la tercera se trata del acogimiento a menores que lamentablemente tuvieron que ser separados de sus familias pero son acogidos en modalidades alternativas.

Prevención. En esta estrategia primaria se desarrollan grupos de atención. Se trabaja con líderes comunitarios que se capacitan en el enfoque de derechos y protección infantil. A ellos se suman grupos de adolescentes, por ejemplo, en la parroquia Alpachaca están los autodenominados “Warriors” (guerreros). Ellos son los referentes comunitarios de protección y usan estrategias basadas en el arte. En la actualidad están promocionando un disco que tiene un contenido de prevención a la vulneración de derechos de los menores, como la violencia de género, discriminación étnica y la movilidad humana.

Acogimiento. A diferencia de lo que se realizaba años atrás, el acogimiento se realiza en la actualidad directamente en la comunidad. “Ya no implica estar en un circuito cerrado como eran antes y eso significa que los menores están en casas que no tienen ningún distintivo institucional u organizacional y que pueden estar en cualquier barrio”, dice el director.

Estas casas están en Yacucalle, Caranqui, Pilanquí, Los Ceibos y también en Otavalo. Al estar en la comunidad se facilita la inserción a la sociedad y que en algunos casos, los que ameritan y son factibles, estén cerca de su familia para que en algún momento puedan ser reintegrados a ella.

Antiguas instalaciones. Estas instalaciones son muy conocidas por los ciudadanos. Se encuentran cerca de la zona poblada de Yahuarcocha y en la actualidad se ha instalado, mediante con un acuerdo con el Mies, el espacio para la estrategia denominada “Creciendo con nuestros hijos”. Se trata de un proceso de acompañamiento a padres y madres de familia de niños entre 0 a 3 años con la finalidad de ofrecer estimulación. También se trabaja con familias en talleres que permiten desarrollar el cuidado, tanto para evitar que se pierda la tutela o para motivar a que los niños regresen a núcleos familiares seguros.

Como parte de los próximos objetivos también se está elaborando un convenio con la fundación Cristo de la Calle para que desde junio puedan ocupar cuatro casas de las 13 casas que están en Yahuarcocha.

Convivencia. Norma Arce, educadora responsable de una de las casas de acogimiento, comenta que tiene a su cargo seis menores en edades entre 8 años hasta los 17 años de edad. “Tienen una excelente convivencia, nos organizamos entre todos para los quehaceres de la casa. Es una responsabilidad muy grande pero uno lo hace de corazón. El convivir con ellos hace que los conozca y los llegue a querer mucho”, dice.

Añade además que la familia es muy importante para los niños. “Las familias que tienen a sus niños que los quieran y los protejan. Al estar aquí se vela por ellos pero siempre extrañan a su familia que son el pilar fundamental”.