Otavalo. Dentro de un sinfín de curvas, bordeando uno de los cerros más empinados de la comunidad Motilón Chupa, se encuentra El Tesoro, la finca de Alberto Panamá, productor ganadero indígena de Otavalo.

“Siempre he criado ganado, no cambiaría mi estilo de vida. Mi padre me enseñó esta labor y de esto he mantenido a mi familia”, dice Alberto, uno de los primeros productores vinculados al Proyecto Ganadería Climáticamente Inteligente (GCI) en Imbabura.

Hace tres años, técnicos del Proyecto Ganadería Climáticamente Inteligente llegaron a la zona a invitar a productores para que se unan a la iniciativa.

“Me incentivaron con insumos de pastos: reygrass, llantén y trébol. Esta mezcla forrajera era la promesa de pastos mejorados y mayor producción de leche. Y efectivamente, así fue”, comenta Alberto.

Mejoramiento. Desde entonces y según un comunicado de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura FAO, Alberto es uno de los productores GCI que más ha invertido en la aplicación de buenas prácticas ganaderas como cercas eléctricas, cercas vivas, higiene en el ordeño, pastos mejorados, entre otras.

Con ocho vacas, sus ingresos han incrementado en un 40%. “El ingreso extra lo sigo invirtiendo en mi finca para mejoramiento de potreros. ¨, asegura Alberto.

Para continuar implementando buenas prácticas ganaderas, hace un par de meses accedió a un monto de 7.000 dólares a través de la Línea de Crédito Verde, iniciativa impulsada por Ban-Ecuador y FAO.

Finalidad. De acuerdo a la FAO los créditos se traducen en inversiones estratégicas y esto a su vez en el incremento de ingresos para

productores. Panamá ha invertido este monto en el mejoramiento de pasturas a través del sembrío de una hectárea de avena y otra de morochillo, la cual estará destinada para elaboración de ensilaje. Este insumo les ofrecerá a las vacas una alimentación adecuada durante la época de sequía.