Al toro por los cuernos

Parecería que, al fin, luego de los graves y trágicos enfrentamientos de las últimas semanas, de cuyas consecuencias aún no se conoce todo, el Estado decidió terminar con el difícil problema social y humano en Buenos Aires. Durante casi dos años, pese a las quejas de los moradores, los reportajes de la prensa y la televisión, las autoridades se limitaron a declaraciones líricas, a lamentar los hechos y a una postura complaciente con la minería ilegal. La que arrasa la montaña, contamina fuentes de agua, crea inseguridad y ha forzado a algunas familias y ciudadanos a abandonar sus tierras y buscar paz y trabajo en otros lugares. Lo sucedido y denunciado en Buenos Aires es inaceptable. Muestra el desinterés gubernamental, la presencia del narcotráfico, de grupos armados, posiblemente disidentes de las FARC. La extorsión, la prostitución… solo se explican por la indolencia, la apatía de autoridades en una provincia retaceada por concesiones mineras, de las cuales los imbabureños apenas sospechaban. Si, como lo han expresado algunos ministros, se decidió poner fin a la minería ilegal y a todos los problemas derivados en Buenos Aires, las medidas requieren ser radicales, pero también permanentes. Esta no puede ser otra batalla perdida. El Estado debe devolver a Imbabura seguridad. No dejarla a merced de mineros ilegales, grupos armados y narcotraficantes. Porque si eso sucede, solo habrá una explicación : esa que muchos sospechan pero no la dicen: corrupción.